www.cubaencuentro.com Miércoles, 26 de enero de 2005

 
  Parte 2/3
 
Se equivocan las palomas
Unión Europea-Cuba: ¿Sólo resta aceptar el carácter vitalicio del régimen y dar prioridad a los dividendos a corto plazo?
por JULIáN B. SOREL, París
 

Las concesiones graduales se obtendrían mediante un "proceso" de diálogo y recompensas mutuas. En la práctica esto se traduce, por ejemplo, en que Castro suelta a algunos presos con "licencias extrapenales", a cambio de lo cual las embajadas europeas dejan de invitar a los disidentes.

En la fase siguiente, los funcionarios cubanos acuden solícitos y sedientos a los cócteles diplomáticos y, en reconocimiento a este paso de avance, los europeos aumentan la ayuda para proyectos de salvaguarda del patrimonio o de investigación científica, etcétera. Este toma y daca presenta, entre otras ventajas, la de su duración.

Son infinitas las pequeñas (e irrelevantes) concesiones que un régimen totalitario puede otorgar, sin modificar para nada la esencia del dominio que ejerce sobre la población. Además, con el paso del tiempo, la atención de las partes, que al inicio se centraba en las concesiones, suele desplazarse al "proceso" en sí mismo.

La obtención de resultados llega a ser menos importante que la continuidad del "proceso". Es preciso abstenerse de toda medida o declaración que pueda perturbar "la dinámica del proceso", etcétera. Esta sacralización de los medios a expensas de los fines, perversión frecuente de la diplomacia de todas las épocas, ha llegado a ser una constante en nuestros días. El caso más flagrante es el "proceso de paz" del Medio Oriente, que en realidad es un estado de guerra que dura ya más de medio siglo.

Dictaduras y razonamientos

El principio humanitario sostiene que toda represalia aplicada a un régimen dictatorial no sólo es inútil, porque el acoso refuerza el poder de la minoría dominante, sino también injusta, porque aumenta los sufrimientos de la mayoría sometida.

Dicho de otro modo: es legítimo y hasta filantrópico colaborar en ciertos ámbitos (economía, cultura, salud pública) con una tiranía porque es una forma de debilitarla, beneficiando a la población. Pese a la contradicción implícita, este razonamiento es moneda corriente en los medios académicos y la prensa occidental. Aunque, en honor a la verdad, cabe señalar que el principio humanitario funciona sobre todo cuando el sátrapa en cuestión se proclama izquierdista, como es el caso de Castro o de Gaddafi.

Hasta hace poco, cuando se trataba de aplicar embargos a la Sudáfrica racista o lidiar con la dictadura de Pinochet, el razonamiento solía invertirse. Entonces lo humanitario era privar de recursos y legitimidad al régimen opresor, para acelerar el advenimiento de la libertad y ahorrarles sufrimientos a los oprimidos.

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