www.cubaencuentro.com Miércoles, 26 de enero de 2005

 
  Parte 2/2
 
El peligro de las predicciones
¿Podemos aspirar a una historia de Cuba equilibrada, con todas las verdades y sin preponderar una de ellas?
por MARIO A. MARTí BRENES, Zaragoza
 

Pero la influencia directa de España no termina en 1898. Es que, además, en plena independencia, emigraron a Cuba cerca de 500.000 españoles, según cálculos muy autorizados de Pérez de la Riva. Y me pregunto: ¿se ha separado realmente la historia de Cuba de la de España? Lo que aparece cada día en los periódicos parece negarlo.

El concepto de "nacionalidad cubana" surgió, antes que nada, en la mente de ciertos sectores de la burguesía cubana, como una grosera necesidad económica sin fundamento social ni cultural; su primera cesárea fue el siboneyismo literario. Había que inventar una base donde erigir la ideología de la independencia.

Y todos nos lo hemos tragado sin masticar desde entonces.

Recuerdo que en esta línea, antes de Fidel Castro, se decía que los cubanos eran "trigueños" (no mulatos, que por entonces el mestizaje no tenía buena prensa). Yo, que fui rubio, como un sinfín de otros cubanos, me sentía acomplejado; un día me di cuenta que con esa afirmación no sólo me sacaban a mi de la "cubanidad", sino a buen número de negros que no eran parte de esos "cubanos trigueños auténticos". Y no sigo narrando tonterías de este tipo, que sería largo el camino.

Cuba es, ha sido, un mosaico con fuerte sabor a España. Nuestros negros, más que africanos, son "curros", andaluces en nuestra jerga. No obstante, debo reconocer que cada día Cuba se parece menos a la Cuba de mis recuerdos; y eso que salí del país en el 2000. Pero cuando he regresado (2002 y 2004), la he sentido cada vez más lejana.

No hablar por la boca de Cuba

Por ser Cuba un mosaico, es definitivamente arriesgado hablar en nombre de los cubanos, cuando cada familia tiene parientes y tradiciones distintas originarias de las múltiples autonomías de España, de mil lugares de África, además de intereses particulares en los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo.

Además, haciendo generalizaciones sólo confundimos nuestro concepto personal de Cuba con la Cuba real, que es infinitamente más compleja. Eso es lo que ha hecho Fidel Castro toda su vida: decidir y hablar por los cubanos como si él fuera la conciencia cubana misma.

Y si miramos bien, uno de los inventores de "la excelsa predestinación de Cuba" fue sin lugar a dudas José Martí, una de las mentes más calenturientas que ha dado el país; que nos ha hecho bien y mal por igual. No por culpa de él, que era una persona básicamente buena y un extraordinario ser humano. Sino por nosotros, que lo hemos idealizado hasta el delirio. Mas aún, si relacionamos esa "predestinación" con España, creo que estaremos más cerca de comprenderla.

En cuanto a la Crisis de los Misiles, tema que conozco algo por haber sido traductor de la oficialidad durante esos días y por haber estado dentro del equipo que la investigó en 1989, definitivamente no estoy de acuerdo con las sentencias que aventura el entrevistado. La reacción de los cubanos, en su momento, demuestra que, sobre cualquier manipulación de los hechos (que la hubo), la instalación de la cohetería en Cuba contó con legitimidad política.

Y es que el autor se olvida que Estados Unidos ha cometido errores muy graves en su política cubana. El más garrafal fue la intervención de 1898 (repetida después en la República), que si bien fue "pedida" por algunos cubanos, otros muchos jamás la desearon. No creo necesario repetir citas archiconocidas.

En realidad, las causas de la Crisis de los Misiles son, a ojos vista, bien variadas; achacarla a una sola materia es reductivo e injusto.

Estados Unidos no asistió al drama como simple víctima, aunque apuntaba a ser uno de los mayores perjudicados en la resolución de un conflicto que no fue "tragicómico", sino enormemente dramático.

Debemos emprender la ingente tarea de lograr una historia de Cuba equilibrada, que diga las verdades y no preponderar una de ellas. Debemos, además, desenterrar a personajes como Rafael Montoro, para percatarnos que se puede mirar al pasado de una forma distinta a cómo lo hacía Martí, por ejemplo.

Y por favor, dejarnos de predecir, que el futuro siempre nos sorprenderá (¡Gracias a Dios!).

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