La supervivencia de la democracia
En los años sesenta, entre la guerrilla venezolana y su "frente patriótico de liberación nacional", creado por los cubanos, y las guerrillas colombianas de la época, las cuales fundaron un idéntico "frente de liberación nacional" que poco después se rompió, cuando estallaron las fugaces rivalidades entre castristas y moscovitas, el proyecto "revolucionario" era uno para los dos países.
Ese plan estratégico que tanta sangre hizo correr en los dos países, se hundió cuando la guerrilla venezolana rompió con la violencia y optó por la legalidad. Pero la vieja idea del castrismo no murió. La emergencia política de Chávez años después fue la divina sorpresa para las FARC y para el ELN, los cuales pensaron que con ello habían llegado al poder en Venezuela, o casi. Sin embargo, sus dirigentes saben que el triunfo del chavismo respondía a una buena dosis de trabajo de zapa, de varios años, en el seno de las fuerzas armadas.
Este momento es crucial para Chávez: o él opta por una radicalización del "proceso" (su orden de confiscación de haciendas a lo Mugabe es un signo en ese sentido), o busca una salida política a la crisis venezolana que haga posible la gobernabilidad de su país tendiendo la mano hacia la otra parte de la ciudadanía que se opone a la aventura castrista.
La deportación de los otros jefes de las FARC escondidos en Venezuela, cuyos nombres figuran en la lista dada a Caracas por el gobierno del presidente Álvaro Uribe, sería una señal alentadora de cambio.
¿El modelo de Chávez, de tolerancia ante el terrorismo, prevalecerá en Latinoamérica? ¿El modelo de Álvaro Uribe, de lucha frontal contra esa amenaza, será el vencedor? Lo que está en juego en estos momentos es el futuro de la lucha contra el terrorismo en Colombia y en Latinoamérica. Es decir, la supervivencia de la democracia representativa en el continente.
Si Chávez opta por la salida política, deberá abandonar sus delirantes proyectos de gobernar hasta 2021 y renunciar a su esquema de "integración de Sudamérica por dentro", confeccionado por un neofascista argentino, Norberto Ceresole. Este esquema, una especie de nuevo cesarismo, pretende que el líder único debe dirigir al pueblo sin mediación de partido alguno y teniendo como único respaldo las Fuerzas Armadas y los organismos secretos. El componente internacional de ese esquema que parece inspirar a Chávez, es no menos escalofriante: la constitución de un nuevo eje mundial que pasaría por el Medio Oriente y que apuntaría a la derrota de Estados Unidos y de Israel.
El proyecto de Chávez de exportar crudo al continente asiático atravesando Colombia con un poliducto financiado por Pekín, lo que permitiría a Caracas ampliar su margen de maniobra frente al mercado norteamericano, forma parte de esos curiosos planes. Los acuerdos recientes de Cartagena sobre la integración energética binacional, son el comienzo de esa operación.
¿Colombia es consciente de las implicaciones a largo plazo de ese juego? Espero que sí. Para China, en todo caso, gobernada por un partido totalitario, y para Venezuela, dirigida por el tándem Castro-Chávez, una Colombia independiente y democrática sería un obstáculo. Una Colombia bajo la bota de las FARC, haría, en cambio, las delicias de La Habana y de Chávez, y también de los mandarines rojos de Pekín. Por eso el epílogo del caso Granda es de importancia.
Quienes proponen mirar a otro lado y dejar que el conflicto entre "dos caudillos" se resuelva como por encanto, no quieren que estas cosas se ventilen, ni que los ciudadanos libres de los dos países reflexionen y tomen cartas en el asunto. |