A no dudar, lo que describimos confirma la lapidaria veracidad del refrán que asegura que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Una vez más el alto liderazgo de la Isla busca en otras latitudes la solución a la crisis y el desquiciamiento socioeconómico que por varios años vive el país, y vuelve a ensayar un modelo de dependencia que hipoteca mucho del presente y futuro de la Isla ante una nación extranjera, con la cual comparte coyunturales coincidencias de intereses políticos.
Para el caso, se puede retomar la sentencia utilizada por Carlos Marx para describir otra circunstancia histórica: la historia se repite una vez como tragedia y una vez como farsa. Hace ahora 30 años que el proceso de alineación político-ideológica y la dependencia económica de la extinta Unión Soviética quedó plenamente concluido. Sin embargo, en aquella fecha, la URSS era una superpotencia global, un imperio todopoderoso, y la Venezuela de hoy es un país naturalmente rico, pero preso de enormes desequilibrios sociales e inestabilidades políticas.
De aquella relación intensa y total con ese enorme país euroasiático, que asumía imagen y responsabilidades de potencia de primer orden, Cuba salió material, moral y espiritualmente desecha.
¿Qué será de los cubanos después de supeditar su destino a los vaivenes de una nación de gente noble y simpática, pero estremecida por las lacras de ayer, el populismo de hoy y la violencia de siempre?
¿Qué desprecio por su pueblo siente un poder que después de ufanarse de las capacidades y cualidades de sus ciudadanos, los reduce a la condición de inermes sujetos de eventuales caprichos paternalistas, o punta de lanza y mano de obra barata de lejanos y falsos mesianismos?
No contento con otorgar a los venezolanos, en hospitales y escuelas, la atención y condiciones que les son persistentemente negadas a los cubanos, el alto liderazgo de la Isla concede a sus nuevos compañeros de viaje espacios, prerrogativas y privilegios empresariales con los que no pueden siquiera soñar los nativos.
Responsabilidad delegada
En honor a la verdad histórica, vale señalar que mientras Cuba vivía ese medio siglo que el discurso oficial persiste en calificar como "neocolonia de Estados Unidos", ningún norteamericano tuvo acceso a algo que un cubano no pudiera obtener o disfrutar.
Para el gobierno cubano, la responsabilidad de producir los alimentos que debemos consumir aquí hay que entregarla a los granjeros norteamericanos, y la misión de regentear —con algún nivel de eficiencia y competitividad— la producción, el comercio y los servicios, a los empresarios españoles, italianos y venezolanos. Para el pueblo cubano es suficiente la entrega de unas tardías e insuficientes migajas numismáticas y algunos utensilios domésticos repartidos a capricho. No se puede dirigir una nación con tan poca sensibilidad humana y patriótica.
El pueblo venezolano debe mirarse en el espejo que tiene frente a sí, allende el Caribe. Después de la euforia obnubilante y pasajera de las revoluciones emergentes, aparece el triste y verdadero rostro de los mesianismos hipócritas. Cuando las mayorías logran despertar del letargo, por lo general suele ser demasiado tarde; ya les robaron la voz y los sueños.
Por el pueblito español del filme de Berlanga, Mr. Marshall y su comitiva pasaron como un bólido y sin detenerse. Tan fugaz incursión no trajo los beneficios esperados, pero al menos los imaginarios personajes de la antológica cinta tuvieron el consuelo de que el incidente no significó mayores perjuicios.
Ante el paso —ni tan rápido, ni tan inofensivo— de Mr. Chávez por la Isla, de seguro los cubanos no correremos con tanta suerte. |