www.cubaencuentro.com Viernes, 17 de junio de 2005

 
  Parte 1/2
 
Terrorismo a conveniencia
Tanto Estados Unidos como la izquierda guerrillera han manipulado a su manera la guerra contra la violencia.
por IVáN GARCíA, La Habana
 

No pocas veces Cuba y Estados Unidos se han acusado mutuamente de haber patrocinado actos de terror. Ahora, desde La Habana, Fidel Castro entra en la fiesta. Cuando el 6 de octubre de 1976, una carga explosiva hiciera estallar, en pleno vuelo, un avión DC-8 de la línea Cubana de Aviación, que le costó la vida a 73 personas inocentes, Luis Posada Carriles, Orlando Bosch y otros cubanos anticastristas, estaban sentando un mal precedente.

L. P. Carriles
Luis Posada Carriles.

Las pruebas de las investigaciones de la policía de Venezuela, Barbados, Trinidad Tobago, el FBI y la CIA, indican que Posada y Bosch son los presuntos autores intelectuales de la criminal acción. Algunos indicios acusan al tándem Carriles-Bosch y a otros del asesinato del canciller chileno Orlando Letelier y de los atentados contra hoteles de La Habana en 1998.

Es lícito oponerse a Fidel Castro. El viejo guerrillero, de 78 años, ha ejercido el poder con puño de hierro, sin dejar el más mínimo espacio a la oposición. El Comandante único ha cerrado las puertas a la libertad de expresión y a la libre asociación política. No pocos han muerto en el presidio político cubano. Pedro Luis Boitel es el símbolo de los muchos presos políticos fallecidos en las duras cárceles de la Isla. Ahora mismo hay más de 300 presos políticos, como Jorge Luis García (Antúnez) y Oscar Elías Biscet.

A pesar de todo el odio del régimen hacia la disidencia en estos 46 años, no se pueden aprobar actos terroristas como los supuestamente cometidos por Posada y compañía. Incluso, pudiera entenderse la vía armada para derrocar a Fidel Castro en los años sesenta. El propio Castro llegó al poder usando la violencia. Pero una cosa es atacar objetivos militares y otra matar a civiles y diplomáticos, aunque fuesen "leales a la revolución".

La mano de La Habana

La violencia engendra violencia, y esa espiral de odio no trajo nada positivo. También el gobierno cubano apoyó la violencia y se ligó con el terror. En todas las sublevaciones armadas en América Latina, después de 1959, está la mano de La Habana. Grupos guerrilleros como el ELN o el FMLN han utilizado métodos terroristas, y algunos se han apoyado en el narcotráfico para sobrevivir. Se entrenaron en la década del sesenta en campamentos militares cubanos. Era la época de la Guerra Fría, y primaba la idea de que para "exterminar al imperialismo", cualquier método era viable.

Ahí está la teoría del Che Guevara, de crear uno, dos, tres Vietnam, y acciones terroristas como las de la banda vasca ETA, el IRA irlandés o la OLP y otros grupos palestinos. Cualquier acción de la izquierda mundial que crease un conflicto con Estados Unidos, era aplaudida por el gobierno cubano. Se llegó a apoyar a genocidas como Pol Pot y Leng Sary, el dúo camboyano que exterminó a un millón y medio de los suyos.

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