www.cubaencuentro.com Jueves, 04 de agosto de 2005

 
  Parte 2/2
 
La utopía fracasada
Los impulsores, Chávez y Castro, continúan con una retórica populista e incendiaria, pero la Alternativa Bolivariana para la América no acaba de cuajar.
por LEONARDO CALVO CáRDENAS, La Habana
 

Opciones y retos

Las opciones son diversas y los retos comunes. El polémico ALCA se propone llevar al hemisferio las más altas cotas de desarrollo y prosperidad, borrando las barreras arancelarias y comerciales. Los que impugnan la iniciativa esgrimen los tradicionales argumentos anticolonialistas y de emancipación. El reto planteado para los sectores políticos y empresariales que apuestan por este camino, es demostrar que cuentan con los mecanismos e instrumentos para alcanzar los equilibrios que conjuguen los intereses de desarrollo macroeconómico y justicia social.

El proyecto de la Comunidad Sudamericana de Naciones pretende llegar a articular un modelo de integración completa que permita al subcontinente pujar no sólo con derecho, sino con capacidad en el complejo escenario de la globalizada economía mundial. Los cubanos comparten el reto urgente de eliminar las lagunas y carencias políticas, éticas y culturales que limitan sus potencialidades, y hasta ahora les han impedido concretar la tan necesaria unidad continental.

Por su parte, los promotores del ALBA aseguran tomar en cuenta los espacios económicos y comerciales, pero en realidad tratan de capitalizar las carencias y desquiciamientos sociales que agobian al subcontinente. Ello con la pretensión de imponer a través de ese flujo de solidaridades políticamente inducidas el modelo revolucionario-mesiánico-personalista, fundamentado en el control político de toda la sociedad y en la permanente retórica confrontacional antinorteamericana.

Tradicionalmente, los líderes cubanos atribuyen los problemas y carencias de América Latina a la relación con Estados Unidos o la injerencia del poderoso vecino en los asuntos de la región. Paradójicamente, también culpan a la ausencia de vínculos económicos y comerciales con su sempiterno enemigo de los retrasos y dificultades que sufre la sociedad cubana de manera permanente.

Sin duda, no son las valoraciones esquemáticas o las argumentaciones justificativas las que aportarán visiones claras y consecuentes del futuro de la región. Sólo enfrentando ese futuro con realismo y responsabilidad, el continente puede desarrollarse y prosperar, además de alcanzar equilibrio social y potencialidad global. No es imponiendo el dominio hegemónico y excluyente de un modelo como se logra el crecimiento económico, social y cultural que nuestra época demanda.

La historia ha demostrado que el atajo revolucionario sólo conduce al abismo de la dictadura, la corrupción y el fratricidio. A la justicia, la prosperidad compartida y la solidaridad, sólo se llega por el camino de la democracia, el pluralismo y la ética responsable.

El hecho de que los líderes progresistas que por estos tiempos ascienden al poder en América Latina hagan caso omiso de la propuesta cubano-venezolana; el que durante las reuniones cumbres del MERCOSUR y la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el presidente Chávez —principal promotor— se prodigara en detalles sobre ambiciosos proyectos de integración energética sin atreverse a mencionar el ALBA, o que las fuerzas vivas… y armadas venezolanas reaccionaran con preocupante irritación a la intención presidencial de investir al gobernante cubano de honores para muchos inmerecidos, demuestran que a pesar de las carencias, desquiciamientos e incertidumbres, los latinoamericanos están seguros de cuál no es el camino.

Aunque los pretendidos mesías-caudillos del Caribe —uno agotado y que languidece y el otro con su irreflexivo ímpetu emergente— no acallen su retórica populista e incendiaria, los tiempos que corren aseguran que el ALBA será, por suerte para todos, la utopía fracasada.

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