www.cubaencuentro.com Jueves, 13 de noviembre de 2003

 
  Parte 2/2
 
Martí amordazado
Cada vez son más los cubanos que señalan las carencias del periodismo oficialista y se refugian en las transmisiones de radioemisoras foráneas para escapar del maniqueísmo y la manipulación.
por ORIOL PUERTAS, La Habana
 

En El Estelar —como le llaman al noticiero de televisión que cada noche, a partir de las 8 p.m., se sientan a ver los cubanos— todos son logros. La noticia del día es cuál tema abordó la mesa redonda de las 6 p.m. Y el planeta está patas arriba, pero Cuba es el edén. No hay ningún problema: el país avanza, los planes se sobrecumplen, los mercados están repletos, la salud es de Primer Mundo, se ha revolucionado la educación, en fin, somos la envidia de la humanidad. Para él, también el humor popular creó sus chistes: en cierta ocasión un amigo pregunta a Pepito hacia dónde va con el bolso vacío y el pícaro responde que a la televisión, a buscar comida.

Ni siquiera los jóvenes que optan por estudiar Periodismo están al margen del ya insostenible manejo de los medios por parte del gobierno. La mayoría prefiere no vincularse a la prensa y utilizar sus estudios para agenciarse algún puesto medianamente afín en empresas de nuevo tipo, ya sea como relacionistas públicos, gestores publicitarios o simplemente lo que aparezca.

El fenómeno ha sido reconocido por las autoridades, el relevo peligra y por ello tratan de favorecer de forma priorizada al sector con determinadas decisiones (tecnología, acceso a Internet, salarios más altos, vivienda...). No reparan en aspectos como la escasa creatividad que promueven, la rigurosa militancia de ese tipo de periodismo y de los periodistas en tanto trabajadores de los órganos oficiales del Partido, la excesiva politización e ideologización y su lenguaje cerrado, reiterativo, en el que abundan los términos predilectos del líder: todo es batalla, misión, enemigo, trinchera, combate...

La campaña desinformadora y parcializada que tiene lugar en Cuba sobre los más recientes acontecimientos internacionales —guerras de Afganistán e Irak, conflicto entre Israel y Palestina, situación en Venezuela—, obliga también a los habitantes de la Isla a prodigarse opciones disímiles para mantenerse al día, como puede ser el tráfico de antenas parabólicas y programas copiados en vídeo, que pasan de mano en mano como si fueran revistas del corazón, telenovelas o películas de Arnold Schwarzeneger.

Para los gendarmes de la prensa nacional, la verdad la tiene siempre quien más insultos lance a la libertad de expresión, quien más lejos vaya en las críticas a Estados Unidos —ese enemigo irreconciliable— y a sus aliados. Ahora es la OEA el último blanco de los analistas de Granma y la mesa redonda, debido a su encuentro con los opositores de Hugo Chávez, sin importar que ayer haya desempeñado un decisivo papel en el diálogo entre ambas partes.

Es que el castrismo se arma de rasero propio, muy particular, para juzgar continuamente al mundo, y ese ejercicio tiene fiel vocero en una prensa que anda a muchos kilómetros de distancia de la vida diaria en la Isla. La Cuba nueva requerirá de una prensa nueva, transparente, abierta a la polifonía de criterio, hecha por profesionales al servicio de la libertad de expresión y no de las mordazas, formados en el respeto a la opinión contraria y no en el silencio frente a la represión. Una prensa jamás viciada por tantos prejuicios y maniqueísmos. Esa será pieza fundamental dentro de la libertad total, no fragmentada, a la que aspiramos todos los cubanos.

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