Porque la situación social, económica y política de Cuba está inflexivamente parametrada por un régimen omnipotente y uniproveedor, que limita las libertades, el potencial y la iniciativa de la persona, la violencia hacia la mujer —vista desde nuestra óptica femenina— obligatoriamente comprende no sólo los actos de agresión física en la vida privada que tradicionalmente se tienen como violencia, sino todo acto o condición propiciada directa o indirectamente por el régimen y que violente la vida cotidiana, tanto en el ámbito privado como en el público.
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| Vejez en Cuba: Anemia, osteoporosis y pensiones irrisorias. |
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Es necesario levantar conciencia entre las mujeres de que la violencia hacia ellas se materializa de muchas maneras. Porque lo que hay que entender es que el régimen incurre en violaciones de derechos humanos y en actos de violencia hacia la mujer, al obligarla a enfrentar circunstancias que resultan —directa o indirectamente— del sistema económico y de la agenda política del gobierno. En el caso cubano, hay muchas cotidianidades que califican como violentación sistémica de la vida misma.
La alta incidencia del alcoholismo, por ejemplo, se traduce en un aumento de la violencia doméstica, cuyas víctimas son mayormente mujeres. Se sabe perfectamente que la distribución de bebidas está en manos del Estado, y que cumple una misión compensatoria que amortigua la protesta popular por los paupérrimos niveles de vida.
La escasez de vivienda y las condiciones de hacinamiento y deterioro de las viviendas existentes hacen de la vida conyugal un verdadero infierno. Todo lo que hostiga al ser humano incrementa la violencia verbal y la física: la falta de privacidad en los hogares, el hecho de que parejas divorciadas tengan que mantenerse bajo el mismo techo, el hacinamiento en las barbacoas fomenta el desencanto y la frustración, el racionamiento del agua que interfiere con el aseo de la familia y con la cocina, los apagones… En fin, todo lo que hace de la cotidianidad un verdadero niágara —el fracaso de la economía socialista—, traído a "la concreta" en cada casa, todo ello aumenta la incidencia de violencia doméstica.
La desatención social y la desnutrición femenina son actos de violencia contra la salud mental y corporal de la mujer, y no son responsabilidad sino del régimen, con su errada política económica que ha llevado al país a la bancarrota, y de las ciegas políticas alimenticias que no han tomado en cuenta las necesidades de nutrición específicas de las mujeres: alto consumo de calcio y de hierro, minerales que se pierden durante los 30 ó 35 años de menstruación y periódicos embarazos. Lo que se traduce en algo muy sencillo: que la falta de leche a partir de los siete años y la carestía de alimentos ricos en hierro, como la carne de res, violentan la salud de la población femenina, desde la infancia misma.
El nivel de pobreza en que vive la mayoría de la población cubana es una violencia del sistema para con sus ciudadanos, que no tienen más opciones que las que brinda el gobierno. Esto afecta, sobre todo, a las mujeres de la tercera edad, cuyas pensiones de jubilación por lo general no llegan a los 100 pesos mensuales —entre 4 y 5 dólares al mes—, dinero que no suple los gastos básicos de una semana.
Por eso las mujeres mayores, a pesar de sus endémicos problemas de salud, como la osteoporosis y la anemia, tienen que inventarse trabajitos a escondidas de las autoridades para suplementar sus ingresos. El Artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos señala como derecho estándar el bienestar social en la vejez. ¿No es violencia hacia las ancianas obligarlas al trasiego ilícito para sobrevivir?
Hablemos de la violencia doméstica, considerada aún un fenómeno que sucede en privado. En Cuba, la violencia doméstica no figura en el Código Civil, ni en el Código de la Familia, ni en el Código Penal, mucho menos en la Constitución. Aquello de que "entre marido y mujer nadie se debe meter" sigue vigente, reflejando los largos siglos en que la mujer fue propiedad de su esposo, autorizado como pater familias a hacer con ella lo que le viniera en gana.
Según juristas y abogados cubanos consultados, la violencia doméstica no está concebida como delito en Cuba. Aquellos casos en que los golpes no requieren atención médica, simplemente se ignoran, y si la víctima, no obstante, decide establecer una demanda, los abogados —presa de los bufetes únicos, oficiales— están instruidos de antemano a engavetarla. Cuando hay hospital y médicos por medio, entonces el delito es de escándalo público. La invisibilidad de la violencia doméstica es parte de la supremacía patriarcal. Es también parte del silencio colectivo de las mujeres, codificado como una vergüenza —o una culpa propia— que hay que callar. |