Asimismo, cada vez más alimentos producidos en Cuba se venden en tales tiendas, lo cual significa un elevado incremento en el presupuesto destinado para comida en muchos hogares, y por ello una alta tasa de inflación que soportan las familias cubanas, particularmente las que no tienen acceso al dólar, que son la mayoría.
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| Tiendas en divisas: ¿Dólares revolucionarios? |
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El sistema monetario dual y la artificiosa tasa de cambio son problemas que reducen el margen de maniobra de la economía cubana, de cara a su mercado interno, y su repercusión en la población resulta ruinosa. Mientras Castro critica cínicamente el impacto social de la distribución desigual de ingresos, no se refiere en lo absoluto a la estructura monetaria bifronte de la economía, generada por las políticas gubernamentales que provocan que esas desigualdades tengan lugar.
Para abolir esta aberración, la circulación del peso debería consolidarse de Malecón hacia dentro y no mediante controles y regulaciones coercitivas, sino sobre la base de medidas que conduzcan a su adopción, como resultado de la libre elección por parte de la población, y con su valor sostenido libremente en los mercados monetarios internacionales. En pocas palabras: si se quiere sacar a la economía cubana del atolladero en que se encuentra, resulta ineludible la adopción de un peso verdaderamente convertible y negociable, pues de lo contrario se mantendrán los escasos niveles de dinamismo económico, sustentados principalmente en el turismo y las remesas de la emigración.
La población, víctima de otro apartheid, esta vez monetario, tiene una absoluta percepción de las dificultades, irracionalidades e injusticias que genera el actual sistema, pero se le margina concientemente, privándole de voz y castigando sus iniciativas.
Desde luego que para que la unificación monetaria tenga lugar, sería menester que el poder cubano implementara diversas políticas, en primer lugar en relación con las tasas de cambio. Esto significa, grosso modo, permitir que la tasa de cambio se mueva constantemente, aunque de manera gradual, hacia un nivel determinado por el mercado.
En segundo lugar, elaborar una política monetaria que tenga como objetivo fortalecer el papel del peso, a la vez que el del dólar se debilite gradualmente. Para ello es necesario que se adopten diversas medidas que incrementen la demanda de la moneda nacional en toda una serie de actividades económicas que hoy funcionan, exclusivamente, con la moneda norteamericana.
En el riguroso estudio del economista canadiense Archibald R. M. Ritter (La Unificación de los Sistemas Monetarios Duales y los Sistemas de Tasas de Cambio en Cuba, 2003), se afirma que entre las muchas medidas de política económica, indispensables para fortalecer el peso cubano, estarían aquellas dirigidas a estimular el crecimiento de la pequeña y mediana empresa. Esto permitiría un más ágil desarrollo de bienes y servicios exportables, así como la expansión de la actividad económica nacional.
Según este académico, tales disposiciones promocionarían las exportaciones, incrementarían la demanda internacional del peso cubano, harían más abundante el dólar en la economía cubana, terminando por fortalecer la posición del peso. Conjuntamente, sería necesario liberalizar a fondo la economía, ejecutando políticas fiscales, modificando el actual sistema de seguridad social y el de precios y salarios.
Es obvio que existe pleno consenso sobre la necesidad de implementar una reforma profunda del régimen monetario actual y, con él, de la economía cubana. Dichas propuestas son respaldadas por algunos economistas cubanos desde hace años, pero han sido rechazadas sistemáticamente por el poder, el cual, lejos de avenirse a razones, está dando pasos muy concretos para limitar la circulación del dólar, después de que su uso haya permitido conectar al país de forma más estrecha con la economía internacional. |