www.cubaencuentro.com Jueves, 29 de abril de 2004

 
  Parte 2/2
 
El abogado del doble discurso
Sí a la libertad de prensa y al poder judicial independiente… pero ¿dónde?
por ORIOL PUERTAS, La Habana
 

Claro, alguien con un poquito de buena memoria recordará las horas que la Mesa Redonda de todas las tardes en la televisión cubana ha dedicado a denostar al mencionado diario, intentando demostrar que no es tan independiente de la Casa Blanca, que no merece crédito alguno, que miente y manipula, y en algún momento ha sido financiado por la administración de turno, sea Bush padre o Bush hijo. Porque ese es un dinero sucio. No hay duda. Lo avalan las peores causas.

El propio Weinglass, hombre entrenado en la libre expresión, considera que ese paso puede haber sido decisivo en un posible cambio de opinión en muchos norteamericanos sobre la causa. Incluso en los ancianos jueces del circuito de Atlanta. Bendita sea entonces la libertad de prensa. Ahora sólo queda esperar. Y como de tiempo se trata —y ese ha sido el petróleo del castrismo, también será su fosa—, ya los flacuchos émulos de The New York Times que circulan en la Isla, el Granma y el Juventud Rebelde, anuncian que se redoblará la lucha por la definitiva excarcelación de los héroes presos.

Esa, por supuesto, es una mala noticia. Muy mala. Pero quizás no sea peor que imaginar lo que sucederá si por fin son liberados. Una ola de euforia envolverá la noticia en medio de una fiesta nacional de ¿cinco?, ¿diez? días, en los cuales envalentonados voceros clamarán en interminables tribunas que otra vez hemos obtenido una resonante victoria sobre el imperialismo yanqui y la "mafia anticubana" de Miami. Como en Girón. Como en la ONU y la votación sobre el embargo, perdón, el "bloqueo". Como cuando recibimos a Elián. Y luego, ¿acabarán las campañas?, ¿llegará por fin la paz?, ¿se autodeclarará Fidel Castro vencedor en la batalla de ideas? La práctica recomienda no ser tan cándidos. Muy pronto otro hecho desencadenará nuevas marchas, tribunas, comparecencias televisivas, foros internacionales y mesas redondas.

Pero el tono más lóbrego de todo este embrollo lo aporta siempre el régimen. Si los cinco espías son "presos políticos en las entrañas del monstruo", como gusta decir la propaganda, el gobierno considera que merecen toda la atención gubernamental, incluyendo a sus familiares, y actúa en consecuencia. Porque Castro sabe que se equivocó en el caso de los cinco y su pretendida colaboración con los zorros del FBI. Si después —viejo zorro él también— le sirvió para montar otra campaña internacional en sustitución de la orquestada cuando el niño balsero, es harina de otro pan. Y no es nada descabellado pensar que el berrinche le alentó a dar el paso suicida de marzo de 2003.

Los que aquí dentro deciden desmarcarse de la asfixia del terror y el monopensamiento para ser cada vez más libres, para ese mismo gobierno son mercenarios que sólo merecen la cárcel. Y encima, sin la posibilidad de contratar a un abogado como Weinglass, hombre entrenado en los rigores de una legalidad transparente, que dice asumir la defensa de esos casos políticamente difíciles por "un compromiso con aquellos a quienes se les niega cotidianamente la justicia".

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