www.cubaencuentro.com Miércoles, 15 de diciembre de 2004

 
  Parte 2/2
 
Sayli o la otra juventud
'Quiero una Cuba donde exista la libertad', escribió en una misiva a Fidel Castro la hija del opositor Félix Navarro, condenado a 25 años de cárcel en la primavera de 2003.
por ORIOL PUERTAS, La Habana
 

Por eso ha decidido no callar. Por eso escribió una carta dirigida a Fidel Castro, luego de conocer el sufrimiento de su padre en la prisión y de leer pasajes sobre las comodidades que disfrutaba el ahora senil Comandante cuando estuvo encarcelado en la Isla de Pinos. Comparó. Y de esas comparaciones ningún ser honesto puede salir ileso. Entregó la carta en los salones del Palacio de la Revolución, de donde mismo salió la orden de activar la redada represiva de 2003 en la que cayó Félix Navarro.

Denunció en ella lo que sabía eran tratos muy injustos con los condenados. Su padre había sido enviado a la cárcel más alejada de casa que pudieron encontrar, allá en Guantánamo, en el extremo oriental de una isla paralizada en su caos económico, sin transporte, sin condiciones de alojamiento, con pésima alimentación, sin respeto por el ser humano. En fin. Como una cárcel muy grande con reclusos que pasan del millón.

"Quiero una Cuba donde exista la libertad… que en la Cuba de Castro no existe", escribió Sayli en su misiva al gobernante. Lo hizo sin miedo, acaso con algún escondido temor por la suerte que podría acarrearle a su padre. Jamás le respondieron, es lógico. Pero a cambio, Félix Navarro fue trasladado temporalmente hace sólo unos días a Santiago de Cuba. No es mucho, la verdad. Pero en Sayli y Sonia renació la esperanza de una posible liberación, como sucedió con Martha Beatriz Roque, Raúl Rivero, Vázquez Portal y Espinosa Chepe, entre otros.

Voces de una sensibilidad

Por su actitud, como es de esperar, Sayli no podrá beneficiarse de lo que Fidel Castro llama "logros de la revolución". Las razones son muy sencillas: en Cuba hasta las escuelitas en el campo son para los revolucionarios. Con suerte podrá alcanzar el doce grado y sólo un milagro la enviará a la Universidad a estudiar algo que le agrade. Hay muchos mecanismos puestos en función de que a jóvenes valientes y nacidos en cuna libre como Sayli se les cierren todas las puertas. Lo contrario sería el fin de un régimen oprobioso y el verdadero inicio de la tan ansiada transición.

Las líneas sobre Sayli que la AP ha puesto a rodar por el mundo son más que una bocanada de aire fresco en una atmósfera tan hostil para la oposición en Cuba. Hay que decir que antes de marzo de 2003, el testimonio de los familiares de encarcelados y disidentes apenas si hallaba ecos en la gran prensa. Hoy todo ese panorama de silencio e indiferencia parece haber cambiado un poco.

Cuando más de 300 cubanos dignos —según estadísticas de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, dirigida por Elizardo Sánchez— sufren injusta prisión política o de conciencia en la Isla, en medio del mayor despliegue gubernamental por diezmar las verdades inocultables de seres ya irreductibles en su defensa de los derechos fundamentales del hombre, las voces multiplicadas de familiares, colegas y amigos se dejan oír como a cuatro vientos.

Y ese fue el otro gran error de la salvajada represiva del pasado año: sin quererlo, le dio voz a la sensibilidad jamás derrotada de madres, esposas e hijos. En lugar de dividir multiplicó. En lugar de restar sumó. A muchos vino a despertar con una detonación definitiva. Ya nada sería igual. Ni las Damas de Blanco ni Sayli podrán ser intimidadas porque no puede apocarse la esperanza de un futuro más sano. Esa es una lucecita que va creciendo, generada por el combustible eterno del amor por los seres queridos que sufren injusticias.

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