www.cubaencuentro.com Miércoles, 02 de marzo de 2005

 
  Parte 3/3
 
Cuba: Educación para la violencia
¿No es también una violación de los derechos humanos obligar a niños y adolescentes a repetir consignas de odio junto a la foto de los prisioneros desnudos de Abu Ghraib?
por ANA JULIA FAYA, Ottawa
 

De eso no se habla

La "batalla de ideas", en la que los niños nada deciden pero ocupan un espacio importante, fue ratificada como prioridad en el país por la Asamblea Nacional del Poder Popular. Sin embargo, el tipo de educación que deben recibir los niños y la manipulación política que sobre ellos ejercen las entidades partidarias y estatales del régimen cubano, no han sido nunca un punto en la agenda del llamado Parlamento en Cuba.

En sus sesiones no se ha "discutido" —si es que algo ha sido seriamente discutido alguna vez allí— cómo puede afectar al feliz desarrollo emocional del niño que la política actual del gobierno sea parte de la vida del infante, junto a la normal reverencia por los valores patrios de naturaleza permanente. No se ha analizado el derecho de los padres, que así lo considerasen conveniente, de aspirar a una educación religiosa para sus hijos en centros creados al efecto, fuesen católicos, protestantes, o de cualquier otra denominación, o de educarlos en los valores y concepciones de la no violencia.

Tampoco se preguntó, simplemente, si los padres consideraban que las dramáticas  imágenes de las torturas en la prisión iraquí de Abu Ghraib no eran aptas para menores y debían haber sido removidas de la vista pública. Igual que los niños en zonas de guerra civil conocen de granadas y de las formas más monstruosas de violencia, en Cuba los niños y niñas debieron dibujar y repetir consignas de odio al lado de los prisioneros desnudos y torturados por los militares norteamericanos en Irak, bajo el argumento de la salvaguarda de la seguridad nacional.

Pero de estos y otros derechos de la infancia, violados a diario en Cuba, no se habla. El pleno acceso al sistema de educación en la Isla —salvo la educación superior que se ha declarado ha de ser sólo "para los revolucionarios"— funge como elemento paralizante ante cualquier señalamiento acerca de violaciones de los derechos de la niñez.

No son siquiera señaladas como parte de la agenda de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, cuando se trata el asunto cubano. Para los funcionarios gubernamentales y los representantes de organizaciones legalmente registradas en Cuba, autorizadas a participar de las sesiones en Ginebra, resulta normal, cotidiano y hasta provechoso —en tanto supuestamente "formador" para el desarrollo de la niñez cubana—, que niños y adolescentes sean utilizados en campañas y actividades políticas, entrenados en el arte de la guerra, movilizados en el enfrentamiento "al enemigo", y permanezcan alejados de sus padres durante la adolescencia en centros educacionales distantes de sus hogares.

Aun conociendo los textos completos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de los Derechos del Niño y de la Convención de Viena, a estos "representantes" cubanos les basta con repetir que en su país se garantiza a niños y jóvenes, y a la población en general, el acceso universal y gratuito a la educación y a los servicios de salud.

Los representantes cubanos que asistan a las discusiones de Ginebra este año no sólo serán responsables de continuar hoy día defendiendo un sistema político demencial, sino de haber contribuido a la paranoia social, la deformación de valores éticos en niños y jóvenes, y a la disfuncionalidad de la familia cubana.

Han sido ellos parte también de más de tres generaciones de cubanos que han vivido en la intolerancia, la violencia y el irrespeto por las individualidades. Son el producto de un adoctrinamiento diario y sistemático que durante 46 años ha padecido la Isla. Sus derechos —aunque no sean conscientes de ello— también son violados en Cuba diariamente.

Algún que otro de estos representantes fue, en su momento, uno de esos ingenuos niños-oradores con pañoleta de pionero, utilizados por el castrismo desde entonces hasta el presente para sostenerse en el poder.

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