www.cubaencuentro.com Miércoles, 02 de marzo de 2005

 
  Parte 2/2
 
A comerse el cable
La Habana planta cara al 'enemigo imperialista Show de Cristina' y ofrece a cambio más Mesas Redondas.
por JOSé H. FERNáNDEZ, La Habana
 

A tal punto avanzaron en el dominio de su técnica estos piratas justicieros, a lo Errol Flynn, que el negocio llegó a resultarles lo suficientemente rentable como para establecer tarifas con precios módicos, y además variadas: desde 20 y 40 pesos por semana, de acuerdo con el nivel de pobreza de cada barrio, hasta un máximo de 10 dólares por mes entre los más solventes, descontando a los presidentes y ejecutivos del CDR al nivel de cuadra, que quedan dispensados del pago.

Incluso habían logrado extender el servicio a 24 horas ininterrumpidas, con la única insuficiencia de que el usuario no podía cambiar de canal por su cuenta, sino que estaba sujeto al canal que era escogido por el emisor local, según gustos y horarios solicitados por la mayoría.

Dando muestras de un talante democrático nada a la usanza en estos predios, el pirata distribuía el servicio de canales a partir de encuestas de preferencia entre sus clientes. Con una única excepción: los noticieros y programas de contenido político, para los que no había lugar, a ningún precio.

Bien sabe este empresario isleño de nuevo perfil que entre nosotros la osadía tiene un límite. Así que su plan no iba más allá de entretener a la gente, trasladándola de la opresiva realidad al ensueño novelero, o de la roña por los menesteres del día al divertimento del espacio humorístico o al espectáculo con participación popular.

Sin embargo, esta vez le salió mal el cálculo, pues a pesar de su meticuloso rigor a la hora de aplicar las reglas del juego, le han pasado el rastrillo. Por suerte, entre el cielo y la tierra de Cuba no hay nada oculto, de modo que el pirata supo de antemano —vaya usted a saber cómo— la fecha y hora en que la policía iba a desmantelar su negocio. Entonces tuvo tiempo de enrollar los cables y esconder la antena, hasta que la oportunidad se vuelva a pintar calva.

Los espectadores, por su parte, se han puesto furiosos y contrariados por la interrupción de los bárbaros, que otra vez caen en horda a disolver sus ensueños de precios módicos. Pero ya se les pasará, a los espectadores siempre se les pasa.

Entretanto, parecen haber hallado un nuevo entretenimiento: quemar la energía ofendida culpando en secreto a los militantes del Partido Comunista, quienes, según comentan, fueron los que plantearon en sus reuniones la necesidad de que la policía le pusiera frenos a ese hábito tan malsano —políticamente hablando— de ver telenovelas made in USA.

Por lo demás, sin novedad en el frente. A comerse el cable. Y al que no le guste, pues tres tazas de Mesa Redonda.

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