www.cubaencuentro.com Miércoles, 16 de marzo de 2005

 
  Parte 2/3
 
San Valentín: La convulsa historia de Huber Matos y María Luisa
por ARMANDO LóPEZ, Nueva Jersey
 

La bomba del 10 de marzo

La guerra mundial cambiaría sus vidas. Los Matos se dedicaron al cultivo del arroz. Ya por esta época, Huber y María Luisa tenían tres hijos. Y había que trabajar duro para alimentar tantas bocas. Por la mañana, el maestro impartía clases de séptimo y octavo grados en la escuela superior, por la tarde, de ciencias sociales en la Escuela Normal, y el resto del día administraba la Empresa Arrocera Matos e Hijos, y araba la tierra: "Había que vivirlo —recuerda María Luisa—. Al caer el sol, se ponía su ropa de campesino y corría a la arrocera. Yo le lavaba la única guayabera, y al otro día, como si llevara una nueva".

El 10 de marzo de 1952 cayó como una bomba. Y el maestro que vivía esperanzado de que algún día la política de Cuba fuera honesta, fue de aula en aula exhortando a sus alumnos a rebelarse. "Huber está regalando su vida" —advirtió a Salustina su hermano Carlos—. Pero la madre de Huber era maestra de almas: "Ni tú ni yo pudimos luchar en las guerras de independencia, pues éramos niños. Ahora somos viejos. Dejemos que cumplan sus deberes los que quieren y pueden".

El hijo de Salustina llegará a ser comandante de la gloriosa Columna 9 del Ejército Rebelde. Y entrará en La Habana, en el jeep junto a Fidel y Camilo Cienfuegos, en medio de las aclamaciones de millones de cubanos. "La fiesta más espontánea, más tumultuosa y más feliz" que Huber Matos haya visto en su vida…

Días antes, Huber había mandado a buscar los archivos de su Columna 9, pero habían desaparecido. Sus contradicciones con el alto mando ya venían andando. Fidel le nombra jefe militar de Camagüey, y comienza el traslado de su columna: unos 20.000 hombres. María Luisa y sus cuatro hijos se albergan en la casa del jefe del Distrito Militar. Es difícil vivir dentro de un campamento —escribiría María Luisa—. En 1959, hay en toda la Isla fiebre de radicalismo y persecución. Raúl ha llevado al paredón a muchas personas. Pero aunque los jueces reciben órdenes de La Habana, en Camagüey, el comandante Huber Matos exige que se le informe sobre cada caso.

A fines de enero llega Fidel a Camagüey en el avión presidencial, rebautizado "Sierra Maestra". Se reúne a solas con Huber. Califica a Camilo Cienfuegos de no estar apto para ser jefe del Estado Mayor. Argumenta que el Che tampoco sirve para el cargo por extranjero y comunista. Huber mira el rostro de Fidel para tratar de averiguar hacia dónde va, cuando este concluye: "Eres el tercer hombre de la revolución, ahora el jefe de una provincia, pero tu lugar es La Habana".

"Mi intención es regresar a la enseñanza" —responde el educador, pero Castro lo reprime—. "Olvídate por ahora del magisterio", y se despiden…

¿Hacia dónde iba Castro?

Un mes después, Huber le recuerda a Fidel su promesa de que los trabajadores reciban una participación de las utilidades de las empresas, pero el Comandante en Jefe argumenta: "No se puede, si posibilitamos que los trabajadores tengan independencia económica, eso conducirá a su independencia política". Huber se queda sin habla.

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