www.cubaencuentro.com Miércoles, 16 de marzo de 2005

 
  Parte 3/3
 
San Valentín: La convulsa historia de Huber Matos y María Luisa
por ARMANDO LóPEZ, Nueva Jersey
 

¿Hacia dónde realmente quiere ir este hombre?

Aparecen artículos de corte marxista en la revista Verde Olivo, de las Fuerzas Armadas. Huber advierte a Camilo Cienfuegos: "Es inadmisible que tú, jefe del Estados Mayor, estés siendo sorprendido por los comunistas". Pero el maestro de Yara va más allá, se atreve a recriminar a Fidel: "La revolución no puede ser un cheque en blanco, sin fecha de vencimiento"… Pero Raúl Castro opina lo contrario: "Para que la revolución triunfe hace falta una noche de los cuchillos largos, que corte las cabezas de nuestros enemigos".

Las contradicciones entre los protagonistas de la revolución se ponen al rojo vivo, cuando el presidente Manuel Urrutia le dice a Huber Matos, que se siente prisionero, o peor, como un rehén. Pocos días después, Fidel renuncia espectacularmente, para dar, en la práctica, un golpe de Estado. Se adueña totalmente del poder. Camilo Cienfuegos, preocupado, le dice a Huber: "Esto no va por donde debe ir". Entonces, Huber Matos escribe su primera carta de renuncia: "Se han dado pasos hacia un gobierno dictatorial de signo marxista, en el que no puedo comprometerme porque sería volverme contra mis principios". Pero Fidel le responde: "tu renuncia no procede a estas alturas".

El curso comunista de la revolución prosigue. Y en octubre, Huber Matos escribe su definitiva carta de renuncia a Fidel, da cuenta a sus oficiales y entrega la copia de la carta a su fiel María Luisa, diciéndole que deben esperar cualquier cosa.

A la una de la mañana, recibe una llamada de Camilo, de que vaya urgente para La Habana, pero el que cree su amigo, habla entrecortado; Fidel está a su lado. A las cuatro de la mañana, las estaciones de radio ya están arengando al pueblo a que saquen a las "alimañas" de los cuarteles. Camilo llega en la mañana con veinte hombres armados para arrestarlo. Lo conducen a La Habana. Lo encierran. A las dos de la mañana, María Luisa logra verlo. Al otro día, la fiel esposa entrega la carta de la renuncia del Comandante, jefe de la provincia de Camagüey, a los pocos periódicos que aún permanecen independientes.

Veinte años plantado

El juicio es una burla. Huber Matos ya ha sido condenado a muerte por una multitud de cientos de miles de personas, arengada y dirigida por el "Máximo Líder de la Revolución". Al cuarto día del juicio, María Luisa logra hablar con su esposo. Trata de parecer serena. Pero aún escucha a la turba gritando: "¡paredón, paredón!".

"Huber, te van a fusilar por ser el hombre íntegro que eres". Cuando dictan sentencia: ¡Veinte años de cárcel!, María Luisa no llora, al menos por fuera. A sus hijos Huber y Rogelio ya los han arrestado por propaganda anticastrista. Deben salir para el extranjero.

En una celda sin ventanas, Huber Matos se entera de la desaparición de Camilo Cienfuegos. La maquinaria del horror está en marcha. Sus recuerdos se atropellan. Los camiones de la arrocera Matos e Hijos llevando provisiones a los rebeldes, su desesperado asilo en Costa Rica, el avión cargado de armas que llevó a la Sierra Maestra.

La revolución traicionada. Tantos muertos. Al menos María Luisa y sus hijos han podido escapar a Costa Rica. Luego a Elizabeth, Nueva Jersey, donde la muchacha de Manzanillo se gana la vida, y la de sus cuatro hijos, cosiendo vestidos de novia, y escribe cartas de amor que nunca tienen respuesta. Por una radio que los prisioneros logran esconder en sus celdas, Huber Matos se entera del desembarco de Bahía de Cochinos, y de que Fidel se ha quitado la máscara y ha declarado que la revolución cubana es comunista. La historia le da la razón al maestro de Yara.

Pasa veinte años preso plantado en las cárceles cubanas. A las torturas y vejaciones, el indómito maestro responde con largas huelgas de hambre, mientras, en Elizabeth, atada a la máquina de coser, su fiel esposa es la voz por la liberación del preso de conciencia: participa en manifestaciones, escribe cartas a cuanto político existe, visita hasta al Papa de Roma. En Estados Unidos, el presidente Carter juega a los derechos humanos, y al Comandante de la Columna 9 lo agujerean para alimentarlo a la fuerza. Cuando está a punto de quedarse paralítico, lo sueltan por instancias del presidente de Costa Rica.

María Luisa, la niña que se ruborizaba al verlo, su fiel compañera de 64 años de amor, estará allí junto a sus cuatro hijos, esperándolo.

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