www.cubaencuentro.com Miércoles, 16 de marzo de 2005

 
  Parte 2/2
 
El timo, nuevo signo de identidad
por JOSé H. FERNáNDEZ, La Habana
 

Periodistas, economistas, intelectuales…

En un programa de televisión que se dedica a refreír documentales del Discovery, o en otro que exhibe películas escogidas, purgadas, por la más ortodoxa censura, nos presentan como paso previo a un docto individuo cuya tarea es indicarnos, sin derecho a réplica, si debemos creer o no lo que nos muestra cada imagen, cada diálogo, cada mínimo detalle. Luego, al final, aconsejan con aparente seriedad que saquemos conclusiones propias, o cacarean la máxima socrática de que sólo si sabe, es posible identificar el bien.

Los economistas crean un nuevo sistema para establecer el PIB a imagen y semejanza del dios jefe, luego de haber hecho carrera arrimando las estadísticas a su soberbia sartén. Los inventores inventan pasmosas variaciones de lo ya inventado. Los informadores desinforman. Los historiadores de plantilla esquivan, tapan, falsean el suceso o el dato, dando las partes por el todo. Los maestros se limitan a repetir el dogma que les dictan y los alumnos devuelven el dictado en las pruebas, porque ambos saben lo que les conviene y lo que no.

Mientras, los escritores y artistas, en amplia mayoría, se pliegan en tres grupos: a) los que entretejen loas al oprobio, de dientes para afuera, que es el colmo; b) los que juegan al juego de Jano, premeditando el porvenir y sonriendo al presente con obras que aparentan decir lo que debieran, mas no lo dicen; c); los que tiran la piedra a la hora de firmar sentencias o de aprobar callando, pero esconden la mano detrás de una presunta bien ganada respetabilidad.

En ninguno de los casos antes relacionados el timador lo es menos que aquel que vende perro por carnero.

Y eso por no llover sobre mojado con la política, donde la manipulación ha sido desde siempre forma y el timo es contenido. Como botón de muestra bastaría la pretendida vocación pacifista de estos días, luego de haber exportado la violencia hacia casi todo el continente, y aún mucho más allá, en medida sólo comparable con la de sus íntimos enemigos, los vaqueros de Washington.

En fin, es la talla que entalla el siglo XXI dentro de nuestras fronteras geográficas. Antiguamente los abuelos enseñaban a luchar en la vida con una receta infalible. "La pobreza se enfrenta con vergüenza", solían sentenciar. Hoy, con la primera llegándonos al cuello y sin la segunda para dar la cara, además de abuelos sabios, estamos necesitando mucho pero mucho corazón, como en aquel bolero, no sólo para saber enfrentar lo que en verdad querremos en el futuro próximo, sino para enfrentarlo sin timadores, o al menos sin que el timo sea un sello nacional.

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