Otra cosa es cuando en un país existe el control de cambios por parte del Estado, que determina el tipo de cambio de la moneda por decreto. En ese caso, usualmente, el tipo de cambio de la moneda pierde relación con la realidad y deja de reflejar las condiciones relativas de competitividad y poder adquisitivo de la economía nacional con respecto a las de sus socios comerciales.
La realidad cubana actual y la política monetaria
La supuesta divisa cubana, el peso convertible, dista mucho de ser, en realidad, una divisa. Divisas son las unidades monetarias extranjeras que tienen los bancos de un país. Los dólares, los euros, las libras esterlinas, los yenes japoneses son divisas en la medida en que existen depósitos denominados en estas monedas en países distintos a los de su emisión, con el objeto de convertirlas en reservas o de usarlas en transacciones con los países emisores de las mismas o incluso con terceros.
No hay noticias de que existan reservas denominadas en pesos cubanos convertibles en bancos de ninguna otra parte del mundo, entre otras cosas porque esa moneda no es demandada en ningún lugar del planeta, distinto a Cuba, donde su demanda deriva de la fuerza de los decretos, aunque ni siquiera constituye oficialmente la moneda del país.
El análisis de los factores determinantes del comportamiento de los tipos de cambio, a pesar de las dificultades para obtener estadísticas transparentes y actualizadas, conduce a conclusiones distintas a la pretendida solidez de la economía cubana.
El PIB de Cuba, según las cifras oficiales, ha mostrado un crecimiento muy modesto, insuficiente para argumentar la solidez que reclama una revaluación de la moneda. Después de una caída del 35% en el período de 1989-1993, el PIB cubano ha experimentado un crecimiento de sólo 3,3% promedio anual entre 1993 y 2003, de tal manera que el valor total de la producción de bienes y servicios no ha alcanzado aún la magnitud que tenía al comienzo de la crisis.
Para 2004, la CEPAL había estimado un crecimiento de sólo 3,0%, pero las autoridades cubanas anunciaron un incremento del 5,0%, debido a la reconsideración contable de una serie de servicios sociales prestados a la población, en condiciones de gratuidad y supuestamente subvalorados en la construcción de las cuentas nacionales cubanas, así como el valor de los subsidios otorgados a bienes de consumo distribuidos mediante el sistema de racionamiento.
Esta reconsideración, sin corregir las series anteriores, resulta un factor de distorsión en el crecimiento real. No obstante, asumiendo que este haya sido, efectivamente, el crecimiento de la economía, dado el nivel tan bajo del que se parte, no augura solidez alguna.
La CEPAL, en su último Balance Preliminar de la Economía de América Latina y el Caribe (http://www.eclac.cl
), advirtió que en 2004 habían "continuado manifestándose los problemas estructurales de la economía cubana, entre los que se destacan la escasez de divisas, las distorsiones del sistema de precios relativos derivadas del tipo de cambio oficial sobrevaluado y de la ausencia de convertibilidad, la dualidad monetaria y cambiaria y los mercados segmentados, el magro desempeño de la industria azucarera y los problemas de eficiencia de las entidades públicas". Cabría preguntarse si estos problemas estructurales han desaparecido en una economía que aún no se recupera realmente de su crisis, después de 16 años.
La Balanza de Pagos Internacionales de Cuba muestra, según las cifras oficiales, una situación bastante confusa. Utilizando las cifras de los anuarios estadísticos de Cuba, y las de la CEPAL para los últimos años, puede observarse que el saldo positivo acumulado entre 1994 y 2004 arrojaría un valor acumulado de 669,3 millones de pesos; lo que representa un incremento de escasamente 67 millones de pesos anuales en las reservas del país, que constituye una magnitud ínfima para revertir un proceso de deterioro abrupto de las reservas durante más de dos decenios de balanzas negativas, agudizado en los años de la crisis. |