Sin embargo, las cifras son ilustrativas de una persistente situación de déficit en la cuenta corriente de la balanza, agudizado por un profundo déficit comercial. Adicionalmente, las inversiones directas extranjeras, que podrían significar un factor importante de fortalecimiento de las reservas, han resultado oscilantes en los últimos años. También, son conocidas las dificultades de Cuba para acceder a créditos internacionales, debido a su no pertenencia a los organismos multilaterales de crédito, a las presiones ejercidas por EE UU y a la insolvencia aún no resuelta por La Habana, y manifestada en la imposibilidad de pagar sus obligaciones financieras anteriores. Todo lo cual coloca a la economía cubana en un alto nivel de "riesgo país" en los mercados financieros internacionales.
Por otra parte, el incremento de la demanda de pesos convertibles en el mercado interno no ha sido el resultado de su mayor solvencia, ni de su fortaleza o de la confianza en el mismo, sino, exclusivamente, debido a las medidas dictadas por el gobierno cubano, que establecieron la obligatoriedad de su circulación.
La inflación en la economía cubana es aparentemente muy baja. Según los reportes oficiales, ha habido incluso deflación de precios en algunos años anteriores y, en el 2004, la CEPAL reportó un crecimiento del índice de precios al consumidor en los mercados en moneda nacional de sólo 3%.
Medir la inflación sólo por los cambios de precios en el mercado en moneda nacional excluye los significativos y persistentes incrementos de precios ocurridos en el mercado en pesos convertibles (o dólares anteriormente) durante los últimos años y es, precisamente en este mercado, donde un segmento significativo de la población asegura una parte considerable de sus necesidades de subsistencia. En efecto, sólo en 2004 se produjo un significativo aumento de entre 10% y 30% en los precios de los artículos que se venden en las tiendas que comercializan productos en divisas.
Finalmente, La Habana no posee acuerdos de libre movilidad de capitales con país alguno y controla totalmente la entrada de capitales de largo plazo en su economía, toda vez que cualquier inversión extranjera tiene que ser negociada directamente con el gobierno. Por eso, el nivel de la tasa de interés no constituye instrumento alguno de estímulo o desestímulo a movimientos de capital motivados por el objetivo de aprovechar, para su beneficio, los diferenciales en los tipos de interés.
Con estos argumentos sólo puede llegarse a la conclusión de que la revaluación actual del peso cubano y del peso convertible conducirán a una sobrevaloración adicional de la moneda cubana, con el consecuente efecto negativo sobre la economía en su conjunto, y, en particular, sobre las condiciones de competitividad de sus exportaciones, debido a que toda revaluación encarece las mismas, así como todos los servicios transables que se ofrecen internacionalmente.
Este encarecimiento se produce debido a que las exportaciones de bienes y servicios valorados en la moneda nacional sobrevaluada se expresarían en una cantidad superior de unidades monetarias extranjeras. La consecuencia de una medida de esta naturaleza es un desplazamiento de la demanda internacional de ese tipo de bienes o servicios hacia países que los ofrecen a precios inferiores. Ello resulta especialmente traumático para una economía abierta como la cubana, que compite en función de los costos y no de la tecnología o la calidad.
Después de este razonamiento cabría preguntarse cuál es el sentido de una medida como esta, que resulta a todas luces antieconómica, dadas las condiciones de falta de productividad y competitividad de la economía, además del deterioro estructural que padece.
Para los intereses de la economía nacional la medida es errónea, no sólo porque es todo lo contrario de lo que debería hacerse, sino porque produce signos de confusión e incertidumbre que desestimularían a los ya escépticos inversionistas foráneos. Estos constituyen, de momento, las únicas alternativas reales de crecimiento económico e inserción internacional de la economía cubana, debido a los frenos que se impone a la inversión privada doméstica.
En circunstancias diferentes a las existentes en Cuba, una tendencia revaluacionista podría estimular la inversión directa extranjera, pero no en las condiciones en las que la revaluación, en lugar de provenir del mercado, es el resultado de un decreto del gobierno en medio de persistentes modificaciones en los marcos legales e institucionales que conforman el contexto de la realidad cubana.
La revaluación artificial de la moneda cubana conducirá, por tanto, a nuevas distorsiones estructurales que podrían tener nefastas consecuencias a mediano y largo plazo. |