De tal forma, el 8% de la revaluación de la moneda nacional no es otra cosa que un impuesto colocado a la entrada de divisas extranjeras al país, en un momento en el que este las necesita de manera desaforada. Pagarán dicho impuesto los nuevos inversionistas, los cubanos que han emigrado y que envían remesas a sus familias, o estos últimos, si es que aquellos no pueden aumentar su contribución, o aquellos que se encuentran temporalmente en otros países en busca de mejores opciones económicas. Y finalmente, pagarán dicho impuesto los turistas extranjeros. Precisamente en este sentido, la medida puede resultar especialmente peligrosa, puesto que la revaluación encarece los servicios turísticos expresados en moneda extranjera y, como resultado de ello, se reduce la competitividad frente a otros destinos similares.
Respecto a la población, la revaluación del peso cubano aumenta la cantidad equivalente de pesos convertibles que se obtiene con aquellos, lo cual se traduce en un aumento marginal del poder adquisitivo. Sin embargo, el bajísimo nivel de ingresos de esta, expresado en pesos convertibles (la divisa aparente cubana), y el escaso significado que los ingresos en pesos cubanos tiene en la real satisfacción de las necesidades de consumo, reduce al mínimo nivel el impacto supuestamente beneficioso de la medida en las condiciones de vida.
Mientras tanto, la revaluación del peso convertible reduce la cantidad de unidades de estos que se obtiene al acudir a las casas de cambio con las unidades de moneda extranjera (dólares, euros, etc.) provenientes de las remesas que recibe un sector considerable de la población. Así, el impacto negativo sobre los ingresos procedentes de remesas supera con creces el impacto positivo que pueda significar un ingreso marginal adicional en pesos cubanos.
La medida beneficiaría realmente a la población cubana si los precios de las tiendas que venden artículos en pesos convertibles o las tarifas por los diversos servicios públicos cobrados en esta moneda se redujeran en la misma proporción en que se ha revaluado esta. Toda vez que una revaluación en el tipo de cambio de cualquier moneda real repercute necesariamente en el abaratamiento de las importaciones y, en el caso cubano, estas constituyen una parte importante de los bienes de consumo necesarios.
Pero no hay indicios de que esto sea lo que ocurra, si se tiene en cuenta que en 2004 se produjo un aumento de precios en toda la red comercial que vende artículos en pesos convertibles, en una magnitud superior al 8% de la revaluación. En el fondo, de lo que se trata es de una necesidad creciente de divisas reales para paliar las duras condiciones de una economía aún en crisis.
La racionalidad monetaria y su impacto en la economía
La racionalidad de la política monetaria no sólo es posible, sino que es urgente. El mantenimiento de la dualidad monetaria ha producido, como se ha dicho muchas veces, una segmentación en el mercado interno cubano, así como distorsiones en los precios relativos, lo cual en realidad ha limitado la capacidad de la política económica de actuar como un mecanismo corrector de los desequilibrios.
La opción que se propone en estas líneas se basa en la necesidad de eliminar la dualidad monetaria, reponiendo el peso cubano en el lugar que le corresponde como moneda legal de curso obligatorio y forzoso y fuerza liberatoria ilimitada, como corresponde a una verdadera moneda nacional, además de asegurar, al mismo tiempo, su convertibilidad. Esto significaría que con el tipo de moneda que la población recibe sus ingresos, pueda satisfacer sus pagos por bienes y servicios ofrecidos en el territorio nacional, mantener sus ahorros, e incluso realizar inversiones, así como adquirir unidades de moneda extranjera cuando necesite realizar transacciones en el exterior.
Ello permitirá la integración de los mercados actualmente segmentados, el reajuste de precios y salarios, la posibilidad de calcular adecuadamente los costos, así como usar los indicadores económicos como instrumentos de medición que permitan adoptar determinadas medidas de política económica que estimulen el crecimiento económico.
Por supuesto que una decisión en este sentido conducirá a una serie de problemas que llevarían a la adopción de medidas muy complejas y difíciles, sobre todo desde el punto de vista político, y que evidenciarían el bajo nivel de ingresos reales de la población cubana.
Para ello sería necesario abordar en primer lugar el problema de la "tasa de cambio económicamente fundamentada", que resultó por muchos años un verdadero rompecabezas para las economías socialistas. Esta fundamentación debería basarse en parámetros técnicos que determinen la relación real de intercambio que permita asegurar una determinada paridad de poder adquisitivo de la moneda nacional con sus socios más importantes, expresada en una proporción nominal.
Esto conduciría a un aumento nominal de los precios y de los salarios que reduciría los márgenes confiscatorios de los que actualmente dispone el Estado; pero pondría las relaciones entre los gastos y los ingresos familiares en proporciones mucho más reales que las que actualmente se consideran en los círculos oficiales.
El Estado podría asumir semejantes costos sin acudir al tradicional y nefasto instrumento de la emisión monetaria, adoptando una política monetaria responsable, reduciendo el abultado e ineficiente aparato estatal, compensando la liberación de fuerza de trabajo ocupada en actividades de escasa productividad. E, incluso, de escaso impacto social, con la apertura de negocios privados que, al contribuir con sus impuestos, permitan al Estado los recursos necesarios para adoptar no sólo políticas redistributivas que beneficien a los sectores menos favorecidos de la sociedad, sino que le permitan cumplir su función de orientador del desarrollo económico.
Mientras tanto, bien valdría el inicio de un debate abierto, desprejuiciado y responsable sobre la política económica del país, que incluya en lugar de excluir. El voluntarismo en economía sólo conduce al desastre y los desastres siempre afectan en mayor medida a los más débiles. |