www.cubaencuentro.com Jueves, 28 de abril de 2005

 
  Parte 2/2
 
La cosa pinta blanca
Industria del turismo en la Isla: Un ghetto que desde hace años separa a los cubanos por el color de la piel.
por JOSé H. FERNáNDEZ, La Habana
 

El hecho cierto es que en los sitios claves del poder económico y político, que son uno los dos, la cosa en esta isla pinta blanca. "Y eso que tampoco hay que consultar las estadísticas para darse cuenta de que el negro, el mestizo, constituyen mayoría entre nosotros, a ojos vista", ha dicho.

Asimismo, añade que hoy en día nadie se atrevería a declarar, por insostenible, que los cubanos de la mal llamada raza negra son menos inteligentes o están menos preparados académicamente para asumir cargos, gerencias, empleos en esos sitios en los que por alguna inextricable razón, suelen verse sólo en muy reducidas cantidades, igual que moscas en la leche.

Sin embargo, otra y bien distinta es la situación cuando se repasan las nóminas de los empleos más elementales, rudos, riesgosos y peor remunerados. Ahí sí es verdad que la cosa pinta negra, de acuerdo con la sentencia de Juancito.

"En el deporte estamos —dice— porque no han podido desplazarnos y quizás también porque la cosa blanca disfruta mejor el espectáculo desde su cómoda silla. Y en la música, porque no les dio resultado la sustitución, ya que después de haber eliminado los ritmos populares de los programas de enseñanza en las academias y de haber cerrado los salones de baile, resulta que el son se puso a mover los esqueletos por allá afuera y terminó imponiendo sus reglas como un rubro exportable de primera línea".

Precisamente la música popular, el deporte, las religiones de origen afrocubanas, son hoy elementos de máximo aprovechamiento por parte de los promotores de la industria turística. Eso por no contar la explotación recurrente, abusiva, más y menos subliminal, de la imagen física del negro como producto en vidriera.

Son paradojas que le ponen la cabeza mala al profeta del Cerro: "No entiendo —concluye—, si es que tanto les gusta aprovecharse de lo mucho que gustamos a los europeos, entonces, ¿por qué razón la leche blanca del turismo no transige en mezclarse con nuestro café? Café con leche es lo que necesitamos, tanto ellos como nosotros, pero en proporciones parejas".

A Juancito el bodeguero, que no es economista, ni politólogo, sino simple profeta en su bodega, no hay quien le haga un cuento. Sabe que no hay empresa que prospere, ni negocio que avance, ni hay nación que sobreviva, si no se nutren de todas sus potencialidades, plural y orgánicamente agrupadas, y si, además, no cuentan con el respaldo, no de estadísticas huecas o discursos esclerosados, sino de programas duraderos, sólidos, amplios, abiertos a la renovación, hoy y mañana.

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