Sin padrinos ni madrinas
También de Palmarito de Cauto, enclave que le ha quitado el sueño a la policía del régimen por el singular movimiento de recolección de firmas que se produjo en 2002, el bibliotecario Leonel Grave de Peralta, condenado a 20 años de prisión, sufrió las consecuencias de la ola represiva de marzo de 2003.
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| Presos políticos José Gabriel Ramón, Héctor Maseda y Ángel Moya. |
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Su madre, Marilú Almenares, da las "gracias a Dios" de que esté bien de salud, "dentro de lo que cabe". Grave de Peralta, otro de los que apenas se habla en la prensa, de los que no tienen padrinos ni madrinas en otros países por la condición periférica de su residencia, está en una celda de aislamiento desde agosto del año pasado, en la cárcel de Canaleta.
Marilú indica que algunos vecinos y amigos de Palmarito preguntan por él, pero otros no dicen nada por miedo. "En el fondo, él es un buen muchacho y nadie puede decir lo contrario", aclara. La madre de Grave de Peralta no quiere olvidarse de agradecer la solidaridad internacional, "porque si no, qué hubiese sido de nosotros aquí".
Un poco más cerca de la información, aunque igualmente aislada, la hermana del disidente preso José Gabriel Ramón Castillo se queja de que en su ciudad, Santiago de Cuba, no se haga nada.
"De aquí sólo son tres presos. Los familiares no podemos hacer lo mismo que en La Habana, que se reúnen y desfilan. Aquí no hay prensa extranjera, que es a la que le podría interesar, porque a más nadie le interesa nuestro problema. Los presos de la parte oriental están peor que el resto", denuncia Cecilia Ramos Castillo.
José Gabriel, director del Instituto Independiente Cultura y Democracia, está recluido en Boniato. Lo trasladaron hace aproximadamente un mes, después de haber estado en el hospital Finlay (La Habana). No tiene ningún problema de salud nuevo, aunque sí los que ya padecía: hipertensión y problemas de corazón e hígado, que son crónicos.
Según Cecilia, los familiares sí están interesados en reclamar, "pero cómo y de qué manera". No encuentran la forma. "La Iglesia —agrega— mantiene su línea religiosa de atención a los presos, que es la misma para los políticos que para los comunes".
Señala que algunas madres, esposas o hermanas se trasladarán este fin de semana hasta La Habana para protestar, pero que hasta ahora no conocen los detalles, "por problemas de seguridad".
Falsas señales de cambio
La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) ha compilado pacientemente —y con todas las limitaciones que entraña trabajar desde la ilegalidad— un directorio sobre el sistema carcelario y las más de 300 personas que cumplen condenas actualmente por motivos políticos. Su presidente, Elizardo Sánchez Santacruz, precisa que "se ha insistido mucho en el grupo de los 75, porque son los prisioneros más notables, sobre todo por la arbitrariedad del proceso seguido contra ellos". Sin embargo, la realidad supera esa cifra, reitera.
"Al excarcelar a 14, quedan 61, pero no hay que olvidar que son alrededor de 300 los presos políticos en Cuba, de una cantidad de entre 80.000 y 100.000 cubanos en las cárceles, la cifra relativa más alta del planeta. Ningún país tiene tantos presos de conciencia en cifras relativas y absolutas como Cuba", sentencia Sánchez Santacruz.
Para el presidente de la CCDHRN, al cabo de dos años, lo más inquietante es que la salud de todos los presos políticos, y en particular de los 75, empeora día a día.
"Es algo muy macabro, porque el gobierno, el año pasado, excarceló a 14 por motivos de salud, temiendo que alguno de ellos pudiera morir en prisión", aclara.
El activista atribuye estas decisiones a la capacidad del régimen cubano "para enviar falsas señales de cambio hacia Europa y otros sitios". Porque, en su opinión, "no hay una voluntad para dar respuesta a los pedidos de excarcelación de todos los presos políticos y de conciencia". |