El círculo vicioso
Los capítulos del 7 al 9 merecen especial atención porque inciden, no tanto el primero de este bloque, como los otros dos, en los factores que configuran el denominado "círculo vicioso" de la economía; es decir, la incapacidad real y objetiva de la economía cubana, bajo el régimen de Castro, para generar con sus potencialidades productivas los recursos necesarios para poder adquirir en el exterior los medios de producción y los alimentos que se precisan para mantener los ritmos de crecimiento económico.
Este análisis se basa en la utilización del concepto de multiplicador del comercio exterior, aunque el autor también presta atención a la tasa de cobertura o la propensión marginal a la importación para exponer sus conclusiones relativas a la integración deficiente de la economía nacional en el orden económico mundial.
En definitiva, como señala el profesor García, según sus cálculos, cada dólar de transferencia sin contrapartida provoca el crecimiento de 4,38 dólares de exportaciones, el incremento de un dólar adicional de exportaciones provoca un crecimiento de 1,786 dólares en el ingreso nacional creado; y el incremento de un dólar de este último requiere incrementar las importaciones en 0,713 dólares, lo que significa que aumentar un dólar de exportación requiere un aumento de importaciones de más de 1,27 dólares. En suma, con su estructura actual, la economía cubana necesita un flujo de divisas sin contrapartida para poder producir para exportar, de lo que depende el ingreso nacional creado.
El capítulo décimo aborda las cuestiones de tipo institucional, con un análisis detallado de las deficiencias del sistema de planificación centralizada, que en el caso concreto cubano aparece como un desarrollo específico del sistema intervensionista copiado de la extinta URSS, y una evaluación de las principales medidas adoptadas por el régimen tras el derrumbe del Muro de Berlín y la instauración en la Isla del denominado período especial. Especial interés merece la crítica a los planes que se han puesto en marcha en relación con las empresas, que están muy lejos de cualquier iniciativa realista y por ello no han dado los resultados previstos.
Por último, el capítulo undécimo se plantea el análisis del tipo de políticas que será preciso adoptar durante la transición al mercado para mantener la gobernabilidad en el país. Aspectos como la dualidad monetaria, la liberalización de las condiciones económicas internas y externas, la privatización de empresas y las exigencias de estabilización, son objeto de análisis por el profesor García Díaz, utilizando la misma metodología empleada durante el resto del libro.
Una débil posición de partida
Su conclusión más relevante insiste en que la transición al mercado no sólo será un cambio del marco institucional, ya que las malformaciones estructurales van a impedir el éxito de esas medidas institucionales. La transición será más compleja que en otras economías ex socialistas, porque las posiciones de partida son débiles y críticas. Exigirá un complejo proceso de ingeniería social, aunque este es un término de disgusto para el profesor.
A modo de conclusión, se podría decir que estamos ante un análisis detallado y bien construido del marco de la economía cubana, sus aspectos básicos, institucionales y materiales, que son el resultado de 40 años de un sistema intervencionista, obsesionado con el control, y ajeno a los principios básicos de la teoría económica moderna.
La economía cubana no se parece a cualquier otra, posee una serie de defectos graves y se plantea más que como un reto u oportunidad frente al cambio político que tendrá lugar tras la muerte de Castro, como una amenaza y un freno al proceso de transición. Esto significa que el margen de maniobra será muy escaso y que los futuros gobernantes democráticos van a tener que desplegar una estrategia de confianza en los inversores internacionales y en los organismos internacionales de cooperación para obtener los recursos que permitan a la economía su transformación.
La oportunidad en la Isla dependerá del tiempo en que los cubanos sean conscientes de que el sistema de valores, creencias e ideas generado por cuatro décadas de totalitarismo, carece de cualquier base para el futuro, y que procede su abandono y sustitución por un nuevo marco de relaciones en línea con lo que se observa en otros países que han superado los lastres del subdesarrollo.
La realidad es que 40 años después, el régimen de Castro no ha conseguido modificar aquella imagen de la década de los cincuenta que supo describir Julián Alienes en sus obras y escritos. Se ha perdido un siglo, se ha perdido una oportunidad histórica para transformar un sistema y, como muestra García Díaz, ni el embargo, ni el ostracismo, ni las proclamas ideológicas sirven para explicar ese gran fracaso del castrismo, sino su propia naturaleza.
Difíciles serán los retos para quienes asuman la responsabilidad de la transición. Pero, incluso en ese caso, más atractiva será la tarea si al final del camino somos capaces de ver esa realidad con la que todos soñamos. |