www.cubaencuentro.com Viernes, 09 de septiembre de 2005

 
   
 
Respeto a la diferencia
El Instituto de Estudios Bíblicos y Teológicos, un centro de estudios laicos superiores, celebró su décimo aniversario con un programa de conferencias y paneles.
por DIMAS CASTELLANOS, La Habana
 

El Instituto de Estudios Bíblicos y Teológicos (ISEBIT), un peculiar centro de estudios superiores para laicos que comenzó a funcionar en 1995, acaba de arribar exitosamente a sus primeros 10 años de vida. Por tan especial motivo, estudiantes, graduados, profesores, trabajadores e invitados se dieron cita los días 2 y 3 de septiembre en la Catedral Episcopal de la Santísima Trinidad, donde radica su sede provisional, para celebrar el acontecimiento con un evento de reflexión y debate denominado "Jornada Teológica Popular del Laicado", integrada por dos conferencias y dos paneles.

El doctor Adolfo Ham, rector del Instituto, quien tuvo a su cargo la conferencia inaugural, al destacar la prioridad del principio del pueblo frente al principio jerárquico, recordó las palabras del Concilio Vaticano II acerca de que "todos, por razón del bautismo y la confirmación, somos llamados al apostolado e injertados en el pueblo de Cristo".

El ISEBIT, según el rector, "es una gran familia, un hogar, cuyo 'escándalo' radica en el propósito, alcanzado, de que ingresa un santero y sale un mejor santero, que cada uno de los egresados sale mejor de lo que entró". Sus palabras fueron confirmadas por María del Carmen Mata, miembro del panel "Teología Popular: desafíos de la sociedad cubana", quien expresó lacónicamente: "después de haber pasado por el Instituto soy mejor persona, mejor ser humano".

La vicerrectora del Centro, Midiam Lobaina, quien impartió la conferencia "Panorama Histórico del ISEBIT", informó que de más de 800 alumnos matriculados en los diferentes cursos durante su primera década, el 47 por ciento, casi la mitad, son féminas. De ellos han egresado 113 licenciados y bachilleres en estudios bíblicos y teológicos, 39 de idioma griego del Nuevo Testamento, 167 de logistas y 9 de la Escuela de Música.

Sin embargo, a pesar de la importancia de esas cifras, lo más significativo de esta peculiar institución docente radica en su concepción acerca del respeto a la diferencia, la tolerancia, la pluralidad y las libertades de pensamiento y expresión; características que están en falta en nuestro contexto sociocultural. Una singularidad que ha transformado al ISEBIT de oasis en manantial.

Un gran ajiaco

En correspondencia con el sueño de sus fundadores y animadores, junto al aprendizaje de la Teología —reflexión crítica, sistemática y actualizada acerca de la realidad y la praxis cristiana a la luz de la palabra de Dios—, el Instituto representa un valioso aporte en la formación y consolidación de una espiritualidad y una cultura de diálogo que constituye, en mi opinión, el principal reclamo de la actual sociedad cubana; así como una forma útil y concreta de materializar el compromiso de los egresados con sus comunidades. Se trata, como expresó en una oportunidad el doctor Pedro Triana, director del Centro de Estudios del Consejo de Iglesias de Cuba, de "encuentros democráticos y participativos para crear un mundo mejor".

El marcado carácter macroecuménico del ISEBIT se evidencia en la convivencia armónica de las más disímiles manifestaciones religiosas: católicos, protestantes, hebreos, islámicos, bahaís, santeros, babalawos, masones; laicos y eclesiásticos, creyentes y ateos. Una hermosa manifestación de unidad en la diferencia sobre la base del respeto y la primacía de la dignidad humana; con la convicción de que ser distinto no es ser contrario.

El ISEBIT es un espacio de formación para servir eficientemente a una obra, donde todo es discutible, donde nada se impone, un lugar donde se arriba al cambio como resultado de un proceso de convivencia, reflexión y maduración personal. Esas características hacen del Centro, en las condiciones actuales de Cuba, un lugar casi único en su clase, donde se dan la mano lo bíblico, lo teológico, lo histórico, lo nacional y lo cultural.

Los miembros del panel "Experiencias de una Teología del Laicado (popular) cubana", que contó con representantes de centros teológicos de Cárdenas, Matanzas, Santiago de Cuba y La Habana, coincidieron, a pesar de sus diferencias, en la importancia y prioridad de la teología de los laicos.

En ese sentido, el decano del ISEBIT, Uxmal Livio Díaz, enfatizó que "aunque el Instituto se inició para líderes de las iglesias, la mayoría de los egresados son líderes sociales. De la familia nuclear ecuménica —dijo— evolucionamos a la familia extendida: al macroecumenismo. Hombres y mujeres con las más disímiles creencias e ideologías coexisten, se respetan y se enriquecen mutuamente. Esa es la esencia de nuestra institución". Y agregó: "Si la Teología de la Liberación ha sido de clérigos, varones, blancos, de clase media, la teología en el ISEBIT constituye un gran ajiaco. Todos aceptados, nadie excluido".

Lo importante es el surgimiento del pensamiento crítico, autónomo, para que cada uno piense por sí mismo. Un pensamiento comprometido con la libertad y la dignidad del ser humano.

En el panel "Teología popular: desafíos de la sociedad cubana", egresados y profesores expusieron sus experiencias y puntos de vista respecto a los desafíos. Una de las panelistas comparó al fundador del centro docente, con el genial cantante y compositor británico John Lennon, cuando expresó: "Cepeda era también un soñador de sueños despiertos". Mientras que la profesora Ana Cairo planteó que "la diferencia es un factor determinante y que en el Instituto cada clase es un espacio de replanteo". Para ella, "la institución docente es un proyecto cultural, que beneficia a la sociedad cubana a través de sus participantes".

Ojalá que el mayor deseo y la voluntad de los que festejamos el cumpleaños se haga realidad: que del manantial ISEBIT broten múltiples espacios de pluralidad, respeto, diálogo y de convivencia, que coadyuven a elevar la espiritualidad y la dignidad de los cubanos.

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