Cintas de vídeo con noticieros, novelas y reality shows circulan furtivamente en La Habana entre cubanos que buscan otras fuentes de entretenimiento e información en tiempos de la "batalla de ideas", informó la AFP.
Los cubanos buscan en los "bancos" clandestinos de vídeo esparcimiento, y una mirada diferente a la actualidad del mundo y de la Isla, en un país donde el Estado controla todos los medios de comunicación.
Mientras La Habana tensa su guerra ideológica con Estados Unidos, la población se las arregla para disfrutar de programas de televisoras extranjeras hispanas gracias a casetes alquilados a cinco pesos (unos 20 centavos de dólar), precio accesible hasta para los más menguados bolsillos.
"Queremos ver cosas diferentes", comentó un vecino, que prefirió no dar su nombre, y dijo estar "agotado por las broncas" políticas entre La Habana y Washington.
El hombre, citado por AFP, afirmó que el servicio de los "bancos de vídeo" es "absolutamente cómodo"; le basta levantar el teléfono para recibir a los mensajeros con los materiales alquilados.
Las autoridades están entregadas a "la batalla de ideas" desde el año 2000, cuando lanzaron la campaña para el retorno de Estados Unidos del niño Elián González.
La "batalla" continuó en 2002 con reclamos de justicia para cinco cubanos que La Habana considera héroes y están encarcelados en Estados Unidos por espiar para el régimen de Fidel Castro.
El gobierno ha incrementado en los últimos años los contenidos políticos de los canales de televisión.
"Los bancos de películas no están autorizados, pero las autoridades se hacen de la 'vista gorda' y sólo arremeten contra ellos en oleadas contra ilegalidades", dijo una mujer que cada día sale con su mochila a entregar las copias solicitadas por sus clientes.
Los "bancos" satisfacen lo mismo a un universitario que a una ama de casa que gusta de los culebrones, ausentes de los escasos negocios estatales para el alquiler de películas de vídeo.
"Los bancos se abstienen de alquilar materiales de tipo político y pornográfico que puedan molestar a las autoridades", precisó la repartidora y opinó que el florecimiento del negocio comenzó tras una ofensiva estatal contra antenas parabólicas de fabricación caseras que proliferaron hace unos cinco años.
Actualmente la población tiene curiosidad por saber qué ocurrirá con las disposiciones para potenciar las transmisiones de Radio y Televisión Martí, anunciadas por el presidente estadounidense George W. Bush en mayo pasado.
"No creo que el gobierno cubano permita la entrada de televisión Martí", opinó una vecina habanera, "aburrida de intentos infructuosos" de sintonizar el canal.
Las transmisiones "promovidas, consentidas y ejecutadas" por el gobierno de Estados Unidos llegan a "más de 2.220 horas semanales de programación subversiva", dijo Ramón Linares, viceministro de la Informática y las Telecomunicaciones, que en junio envió nuevas quejas a la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
"La llamo radio casualidad", remató la mujer, que dice sentir el "zumbido característico de la interferencia de Radio Martí" y aseguró nunca haber visto Televisión Martí.
Hasta ahora el gobierno de Fidel Castro ha logrado interferir con éxito las transmisiones de radio y televisión que patrocina el gobierno de Estados Unidos.
Nuevas disposiciones de Washington para endurecer el embargo a Cuba, que entraron en vigor la semana pasada, destinan 18 millones de dólares a que esas transmisiones puedan romper la interferencia cubana. |