Once años después de iniciadas las reformas económicas para intentar sacar a Cuba de la profunda crisis que provocó la caída del bloque soviético, La Habana ha iniciado un proceso de recentralización estatal que deja cada vez menos espacio a la minúscula iniciativa privada, evidencian diversas informaciones, según AFP.
En uno de los más recientes signos, el Banco de Crédito y Comercio, creado como parte de la reforma bancaria estatal en los noventa, está anunciando a sus clientes que desde el 1 de julio pasado sus sucursales en La Habana pasaron al Banco Metropolitano, constató la AFP este miércoles.
Según funcionarios del Metropolitano, la decisión oficial incluye la absorción de las filiales en la capital cubana del Banco Popular de Ahorro.
Por otro lado, una nueva reglamentación para el trabajo por cuenta propia entrará en vigor el 1 de octubre próximo. La normativa prevé que no se otorgarán nuevas licencias para 40 actividades hasta ahora autorizadas. Otras 118 se mantienen en vigor.
Igualmente indica que sólo podrán aspirar a trabajar de forma privada los jubilados, discapacitados, amas de casa, empleados vinculados a centros de trabajo debidamente autorizados y los que se encuentren en paro laboral.
En abril de 1997, tres años después de legalizado el autoempleo en Cuba, 180.916 personas trabajaban en por cuenta propia. La cifra se reduce actualmente a 99.476 personas, un 2,1% de la fuerza laboral del país, según datos oficiales.
La resolución citada establece que el trabajo por cuenta propia está concebido como "complemento de la actividad estatal". Para el gobierno, en el actual momento de la economía existe "la posibilidad de que un grupo de actividades sean asimiladas" por el Estado.
En 1993 el régimen de Fidel Castro emprendió una serie de reformas económicas abriendo paso a mecanismos del mercado, para enfrentar una caída del Producto Interno Bruto (PIB) del 37% en tres años, como consecuencia de la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista.
Esos cambios incluyeron la apertura a la inversión extranjera, el fin del monopolio estatal en el comercio exterior, el desarrollo del turismo, la libre circulación del dólar y del recibo de remesas monetarias del exterior, el autoempleo, una reforma bancaria y la instauración de un sistema tributario, entre otras.
La aplicación de esas medidas frenó la caída de la economía y, aunque a niveles insuficientes, permitió cierta recuperación.
Pero las reformas crearon divisiones sociales entre los cubanos que consiguen acceder al dólar y los que no. Además, reaparecieron en la sociedad cubana la prostitución, el proxenetismo y el consumo de drogas.
Un reciente informe de la Cepal difundido en La Habana señaló que "el proceso de reformas económicas estimuló el crecimiento del producto y el empleo, pero también generó desigualdades sociales".
Sin embargo, el análisis Política social y reformas estructurales: Cuba a principios del siglo XXI, de Cepal, recomienda al gobierno cubano ahondar en las reformas.
"Es necesario (…) profundizar en la reducción gradual de la dualidad monetaria y de precios, la consolidación del ajuste macroeconómico, un manejo más flexible del autoempleo privado y una mayor apertura de la inversión extranjera", señala el documento.
En otro informe sobre la economía de la Isla en 2003, el académico cubano Juan Triana Cordoví señala que "algunas de las medidas tomadas (o anunciadas) por el gobierno durante el año han sido interpretadas como una vuelta a la centralización".
Entre ellas cita la creación de Comités para un grupo de importaciones y la sustitución del dólar por el peso convertible en transacciones entre empresas estatales.
En febrero, el Ministerio de Inversión Extranjera informó de una fuerte reducción en las asociaciones económicas con capital extranjero: 70 de ellas fueron disueltas en 2003 y otras 60 se encuentran en proceso de cierre.
De 407 asociaciones en funcionamiento en Cuba al cierre de 2002, sólo 342 comenzaron el 2004 y la tendencia parece ser a que el número se reduzca aún más. |