www.cubaencuentro.com Lunes, 14 de febrero de 2005

 
   
 
Ancianos sobreviven como vendedores ambulantes
 

Decenas de ancianos recorren las calles de La Habana vendiendo maní, una actividad que se ha convertido un modo de sobrevivir para cubanos jubilados que necesitan un ingreso extra ante sus exiguas pensiones, reportó EFE.

Guillermo López, de 74 años, comenzó a vender maní hace 15, cuando se jubiló, para completar su pensión mensual de 152 pesos cubanos (menos de 6 dólares, según el cambio oficial).

López se levanta a las tres de la madrugada para tostar maní y empaquetarlo en cucuruchos con ayuda de su esposa. Después del amanecer, sale a vender a Prado y Malecón, uno de los puntos más transitados de La Habana.

En cuatro o cinco horas, según el día, consigue ganar unos 60 pesos cubanos (casi 2,5 dólares).

Restando lo que paga de licencia para tener su permiso en regla, no queda demasiado beneficio, reconoce, pero a fin de mes es más que la pensión que recibe tras haber trabajado durante años como jefe de almacén de una fábrica de chocolate.

"La mayoría de los maniseros no tiene licencia porque vale 200 pesos cubanos (unos 8 dólares), pero es mejor eso que la multa, que son 1.500 pesos cubanos (57 dólares)", explica López.

Raúl Vázquez, de 82 años, suele vender frente al Capitolio, en La Habana, cucuruchos de maní, chicharritas y caramelos. A pesar de su edad, camina durante cinco o seis horas cada día y se retira con el equivalente a 3 o 4 dólares. "No me alcanza la jubilación", dice.

Frente al Floridita, Zoila Espinosa, de 75 años, vende maní, chicharritas y "galleticas, el día que hay".

Espinosa, viuda, cobra una pensión de 92 pesos al mes (3,5 dólares) por su antiguo trabajo como limpiadora en un hospital, y consigue unos 50 pesos (2 dólares) al día vendiendo en la calle.

"Es muy dura esta vida, ojalá fuera como la alegría de la canción" El Manisero, que popularizó en Cuba Rita Montaner e hizo universal Antonio Machín.

Manuel Díaz recibe sólo 62 pesos de pensión. Lleva diez de sus 67 años vendiendo maní y caramelos en el Parque Central, frente al Gran Teatro de La Habana.

"Yo no cojo lucha, si llueve me voy; si me siento muy cansado, me voy; y si veo que no voy a vender mucho, me voy. Otro día se dará mejor", afirma.

Por su parte, María Antonia Gómez, de 77 años, sigue vendiendo en el Malecón, a pesar de padecer cojera por haber sufrido dos accidentes en las calles de La Habana.

"Quisiera quitarme de eso, pero no hay por donde", dice. "La situación es muy mala y con un salario uno no vive".

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