AFP/ La Habana. La pequeña comunidad judía de Cuba conmemora este jueves el Día del Holocausto en medio del proceso de "revitalización" que inició a comienzos de los noventa buscando asegurar la continuidad de sus tradiciones, casi extinguidas en la Isla.
"La humanidad no debe olvidar el Holocausto", dijo a la AFP el presidente de la Comunidad Hebrea de Cuba, José Miller, en la Gran Sinagoga (Bet Shalon) de La Habana, sede del Patronato Judío de Cuba desde 1953. "En 12 años (1933-1945) el Tercer Reich eliminó a 6 millones de judíos; nunca se hizo tanto daño en tan poco tiempo", recordó.
Miller, un médico cirujano retirado de 80 años, dirige desde 1981 el Patronato, que agrupa principalmente en La Habana a unas 403 familias judías (en total 953 miembros), aunque también existen pequeñas congregaciones en otras seis provincias del centro y este de la Isla.
Según historiadores locales, los judíos norteamericanos fueron los primeros en emigrar a Cuba a fines del siglo XIX. Luego llegaron nuevas oleadas desde Turquía y el Cercano Oriente durante la Primera Guerra Mundial (1914-1919), y en la década del veinte desde Europa Central.
Pero el 90% de los judíos de Cuba emigró tras el triunfo de la revolución en 1959 "porque pertenecían económica y socialmente a una clase media o alta", cuyos bienes fueron expropiados y nacionalizados por el gobierno de Fidel Castro, señaló Miller.
"Hubo otros momentos migratorios que nos afectaron" en la década del sesenta, y "el último fue durante la crisis (migratoria) del Mariel", en 1980, apuntó.
Con la revolución "se estableció un modo de vivir y de pensar que no favorecía de ninguna manera las prácticas de las ideas religiosas", y "ser judío quiere decir mantener un estilo de vida de acuerdo con tradiciones y preceptos", dijo.
Así, a fines de los ochenta la comunidad judía cubana "agonizaba, no tenía futuro. Ninguna sinagoga se cerró, pero la concurrencia era mínima", comentó.
La situación cambió a partir de 1990, cuando "dejó de ser para la sociedad socialista cubana un problema que alguien fuera religioso. Fue el momento de revivir la comunidad y eso se hizo con el aporte de judíos que venían" a la Isla, relató.
Miller reconoció el aporte económico y las donaciones para la revitalización de organizaciones judías como Bnei Brith, el Consejo Judío Canadiense, Jewish Solidarity y —sobre todo— del Joint Distribution Committe (JDC), una entidad con más de noventa años al servicio de los judíos del mundo.
"Ahora estamos en una situación de fortalecer esa revitalización y tratar de asegurar su continuidad", precisó Miller. El Patronato mantiene actualmente con el gobierno de Castro "una relación de completo respeto a nuestra tradición", añadió.
La Habana rompió sus relaciones diplomáticas con Israel en 1973.
"Yo no hago política ni a favor ni en contra" del régimen cubano, pero en la Isla "hay una política social que no se aparta de lo que es bíblico", opinó Miller.
En la Gran Sinagoga de La Habana, totalmente remozada, los judíos cubanos reciben alimentos tradicionales que llegan a la Isla en calidad de donaciones, y se benefician del plan de salud que dirige la doctora cubana Rosa Behar, presidenta regional de la Organización Médica Hadassah, con sede en Jerusalén. |