www.cubaencuentro.com Martes, 30 de marzo de 2004

 
Parte 1/2
 
Carta de esposa del opositor preso Manuel Vázquez Portal a Augusto Roa Bastos
 

Sr. Augusto Roa Bastos:

Yo no soy una intelectual, soy sólo la esposa de un intelectual cubano condenado a 18 años de prisión por ejercer su derecho a la libertad de pensamiento y de palabra.

Mi esposo, Manuel Vázquez Portal, es un poeta y periodista, detenido y sentenciado en la ola represiva de marzo de 2003, junto a otros 74 opositores pacíficos y periodistas independientes.

Nosotras, las esposas de los presos políticos cubanos (que no son 75, sino más de 300) clamamos la ayuda de la comunidad internacional para que nos apoyen en la búsqueda de la libertad de nuestros esposos y familiares.

Recibimos el apoyo de destacados escritores que usted seguramente conoce: Mario Vargas Llosa, Eduardo Galeano, Jorge Edwards, José Saramago, Carlos Fuentes, Enrique Krauze y muchos más.

Pero hay otro grupo de personalidades e intelectuales del mundo que en reacción a la ola de arrestos de disidentes en Cuba no nos dieron su apoyo, sino que expresan su simpatía al régimen de Fidel Castro, aduciendo que en los EE UU se violan los derechos humanos.

El hecho de que violen o no los derechos humanos en EE UU no justifica que los violen en Cuba. Y, a mi juicio, el que apoya el régimen cubano en este momento —ignorando el número y la situación de los presos políticos en Cuba— también es cómplice en la violación de derechos humanos. Nosotros estamos viviendo en Cuba, nuestros esposos están presos en Cuba y nuestros derechos humanos los exigimos del gobierno cubano, no de los EE UU. Para esta exigencia esperamos tener apoyo de los intelectuales del mundo entero.

El régimen de Cuba, con el control absoluto de los medios de difusión, sobre las organizaciones de masas y políticas que rigen la vida social y privada de las personas, está acusando a sus opositores de mercenarios y traidores a la patria, dicen que están en contra de Cuba porque no piensan como Fidel Castro.

Pero Fidel Castro no es Cuba ni es la patria.

Supe con estupefacción que Augusto Roa Bastos, el escritor que admiré y respeté desde que leí, ya hace algunos años, su Yo, el Supremo se había sumado a los firmantes del manifiesto que aquí se llamó De Solidaridad con Cuba, pero no es para nada solidario con el pueblo cubano sino con su régimen.

Su novela es uno de los máximos exponentes de la literatura que sobre las tiranías se han escrito en América. Sin embargo, a 29 años de la primera edición de Yo, el Supremo, su autor no reconoce, a pesar de haberlos reflejado muy bien en su obra, los rasgos y características propios de una dictadura que mutila todas las libertades y desangra al pueblo por una lucha por la supervivencia.

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