www.cubaencuentro.com Viernes, 28 de octubre de 2005

 
Parte 1/2
 
Polemiza, que algo queda (VII)
La salida de los primeros números de la 'Nueva Revista Cubana' provocó una controversia protagonizada por ese inveterado polemista que fue Virgilio Piñera.
por CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ, Nueva Jersey
 

A partir de la propuesta de un grupo de intelectuales y artistas, quienes consignaron la necesidad de continuar editando la Revista Cubana (1885-1894; segunda época, bajo la dirección de José María Chacón y Calvo: 1935-1957), fundada por Enrique José Varona, en abril de 1959 empezó a circular la Nueva Revista Cubana, cuyo último número lleva fecha 1961-1962. Inicialmente su director era Cintio Vitier, pero a fines del 59 asumió esa tarea Roberto Fernández Retamar.

Niños boxeando

La recepción que tuvieron los primeros números, en honor a la verdad, distó de ser buena. Desde las páginas del diario Revolución, el poeta José A. Baragaño apunta, en su artículo "Sobre las revistas literarias" (julio 13 de 1959), que en los últimos meses habían aparecido varias publicaciones cuyo balance es poco satisfactorio: "ni la cultura, ni la literatura, ni la ciencia han ganado nada con ese esfuerzo". Se queja de que todas las publicaciones cubanas "caen en un eclecticismo, en un anti-radicalismo conmovedor". Se pregunta luego si eso ocurre porque en Cuba "no existe un verdadero estado de opinión sobre las cosas del espíritu. O simplemente porque cierta posición conciliatoria entre lo irreconciliable, cierta tendencia a atraer los contrarios para pegarlos unos a otros, anima el espíritu literario del país". Y al respecto, argumenta: "Las ideas contrarias no se pueden expresar en un mismo cuerpo, necesitan un grave espacio que las separe de las direcciones enemigas. Cuando esto no ocurre se produce lo que Antonin Artaud llama una olla podrida. La Nueva Revista Cubana, por ejemplo, es eso: una olla podrida, no sabemos si gracias al contenido o al continente".

Otro de los que hizo pública su opinión fue Virgilio Piñera, quien la plasmó en "La Nueva Revista Cubana" (Revolución, junio 27 de 1959). "A pesar de su nuevo formato —comienza Piñera—, del adjetivo 'nueva', de la declaración de propósitos (…) la Nueva Revista Cubana sigue siendo la Vieja Revista Cubana". Para ilustrar su juicio, utiliza como "método comprobatorio" el contenido de la primera entrega. Los trabajos allí recogidos tienen, apunta Piñera, un "estilo provinciano, ese donde nunca escuchamos el célebre pistoletazo de Stendhal". Toma como ejemplo una de las colaboraciones, "Esta tarde nos hemos reunido" (aunque Piñera no lo aclara, su autor es Eliseo Diego), cuya lectura comenta así: "¡Atchís, atchís!… Perdón, es que tanto rapé nos provoca deliciosos estornudos, y con tanta amabilidad casi estamos pidiendo la limonada de las cinco… Sin duda, se trata de un estilo borbónico: hay, además del rapé, el discreto, el minuet, y el Salón de los Espejos… No creo que haya que cargar toda la responsabilidad al director de orquesta. Aunque sé que le gustan estas piezas, también no es menos cierto que no tenía a su disposición en el momento de confeccionar el programa del concierto, mucho donde escoger. Fatalmente, es éste el modo de expresarse de los escritores cubanos en su inmensa mayoría. Los argentinos, que también padecen de este mal, lo llaman 'estilo florcita'. Vaguedades y florituras. En suma, aburrimiento".

"Decididamente, este primer número de la Nueva Revista Cubana ha tenido mala suerte en lo que respecta al rapé", escribe el autor de Aire frío. Para aportar más argumentos a sus críticas, agrega que "un poeta tan alejado del polvillo delicioso como es Nicolás Guillén, publica un poema que es todo un canto al Antiguo régimen. No digo que Guillén no pueda permitirse tales libertades, pero tal parece que frente a un programa de concierto tan clásico, no le quedó otra salida que dar esa Epístola (dedicada a dos amigas que invernaban en Palma de Mallorca). A sólo cinco meses del triunfo revolucionario, uno debe presumir que Guillén, poeta revolucionario en toda la acepción de la palabra, nos ofrecería algo revolucionario. Pero no pudo, el programa exigía el rapé, y ya lo ven, ahí están dos amigas —Águeda y Nora— chismeando agradablemente con el poeta en las páginas de la Nueva Revista Cubana. Bueno, el Partido le pasará por alto este pecado venial".

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